miércoles, 18 de febrero de 2015

Rebeca

Una de las cosas que he descubierto sobre mis gustos indumentarios a lo largo de los años es que me encantan las rebecas. Abrigan sin agobiar, pueden llevarse abiertas o cerradas, superponerse a jerseys finos o camisetas de cuello vuelto y son perfectas para combinar con cualquier clase de prenda, vestido o pantalones. Me gusta especialmente el hecho de que es una prenda poco estructurada, que tanto puede llevarse ajustada como holgada y aún así acompañar el movimiento del cuerpo sin estorbar ni pegarse demasiado a la piel. Me gustan casi tanto como el cine de Hitchcock. Por cierto, ¿saben que el término hispánico "rebeca" proviene de la película homónima del señor Hitchcock? Dicha película (Rebecca, 1940), basada en una novela de Daphne Du Maurier, giraba en torno a la opresiva memoria de la primera esposa -fallecida misteriosamente- de un hombre con el que se casaba la protagonista de la película, a la que por cierto nunca se nombra. Rebeca, fantasma de la antecesora que obsesiona a la anónima segunda esposa del señor De Winter, dio curiosamente su nombre para nuestra cultura popular, a una prenda que su sustituta en el cargo portaba habitualmente en la película. Las aficionadas a la moda de los años 40 reconocerán el modo inglés de llevar esta prenda, en lo que se conoce como "twin set", que consta de una camiseta de punto de manga corta o por el codo, de idéntico material y color al de la prenda exterior, con la que se lleva haciendo conjunto. Desde el minuto 4 de la película, momento en el que se conoce la pareja protagonista, Joan Fontaine luce esta prenda que refuerza el carácter inseguro y tímido de su personaje, ninguneado por todos los que la rodean. La señora Lacy, su reciente cuñada, le dice en el minuto 43: "veo por la manera en que vistes que no te importa tu aspecto, pero me extraña que él no lo haya notado, es tan especial con esas cosas", a lo que ella responde: "no creo que nunca se dé cuenta de lo que llevo". De este modo, Hitchcock refuerza la debilidad e infantilización del personaje con el uso de una prenda de vestir considerada como demasiado "casual" e invisibilizante (por lo corriente) en el entorno aristocrático típicamente inglés del marido de la protagonista. Esa es la cinematográfica y curiosa razón por la que en español, el nombre de esta prenda que la Real Academia define como "chaqueta femenina de punto, sin cuello, abrochada por delante" no tiene etimológicamente nada que ver con el anglosajón cardigan ni con el francés gilet


A partir del minuto 34, Joan Fontaine luce el perfecto twin set

Este invierno he estado recuperando el tiempo costuril que tuve que perder el año pasado por causas de fuerza mayor. En el plan de costura otoño-invierno había varias rebecas porque las que sufrieron uso intensivo el año pasado estaban al borde de la extremaunción y había que reponer. Por eso voy a aprovechar para hacer una pequeña comparativa de tres modelos que tengo ahora en plena rotación de temporada.


Oslo

Patrón que venía con el primer número de la revista Seamwork, del equipo de Colette Patterns. La primera versión que hice fue un fiasco porque elegí mal la tela (una especie de polar demasiado grueso que no tenía apenas elasticidad), así que para la segunda versión tuve buen cuidado de no pifiarla tontamente. Destiné un precioso interlock de merino que compré en 2.013 a tal fin y el resultado ha sido perfecto. Me encanta su aspecto holgado y lo larga que es; hice la mía sin botones porque no quería una prenda excesivamente formal. Con todo lo cual estoy muy contenta porque cuadra perfectamente con lo que buscaba: una prenda que cubra más abajo de la cadera, de un color de mi paleta personal, que resulta comodísima en el uso diario y que tiene el aspecto y la prestancia de una prenda de alta gama con ese cuello de inspiración esmoquin.

Modelo: Oslo (Seamwork nº1, la revista mensual cuesta 6€, pero el patrón puede adquirirse suelto por el mismo precio)
Talla: XS, aunque el tallaje es grande y es la que más holgada me queda
Modificaciones: ninguna
Tiempo de realización: dos horas
Dificultades: ninguna, las instrucciones son claras y fáciles de entender. Quien haya cosido una camiseta puede atreverse tranquilamente con esta rebeca.
Coste total: 38€ (interlock de merino), 2€ (hilo, papel, otros gastos)= 40€



Vista frontal


Detalle del puño vuelto



Julie & Julia

Este patrón es de Mouse House Creations, que tiene diseños para mujer y para niños. Me gustó desde que lo vi por la forma y por las opciones para hacer una prenda de manga corta y tres cuatros también, aunque yo hice la versión de manga larga, las dos veces, porque es lo que necesitaba. En las fotos se aprecia lo que cambia el aspecto de la prenda al cambiar el tejido: el azul marino es felpa no perchada ("sudadera de verano"), con grosor medio y mucho cuerpo y el verde es canalé de merino, más elástico, fino y con mucha caída. Con las dos tuve percances que al final se saldaron bien, lo que yo llamo "felices accidentes", pero la realización fue un pelín sobresaltada.

Modelo: Julia Cardigan (Mouse House Creations), 7€
Talla: XS
Modificaciones: ninguna
Desastres: muchos, dos de ellos culpa mía. Con la azul, no presté la suficiente atención al cortar la pieza del bajo trasero y me encontré con que en el borde superior faltaba un pedazo no muy grande en forma de triángulo. Para no tener que descartar la tela y porque no tenía más (era el trozo final de sudadera azul con la que había hecho tres pantalones para mi chica grande), tuve que hacer un remiendo creativo con un retalito. Como está a la altura de la cadera y cerca de donde cae la manga no se ve, pero ha quedado bien y al final me gusta que esté ahí, es un detalle muy personal. Rematé la solapa con un vuelto simple y una puntada elástica de mi Singer que me encanta, en forma de espiga. Con la verde tuve problemas peores. Cuando compré la tela (en una precompra colectiva al distribuidor europeo), venían los metros justos y la vendedora me avisó de que justamente mi trozo venía con un agujero-carrera y no podía ponerme más tejido para compensarme. Así que el ejercicio de encajar los trozos del patrón para que estuvieran al hilo y no descuajeringar el resultado fue interesante. Aún así, tuve que cortar uno de los puños a contrahílo y el otro quedó con el famoso agujero-carrera. Lo remendé con la idea de que el remiendo cayera en el interior y no se viera desde fuera, pero monté mal el puño y me encontré con que quedó en el exterior, junto con otro agujero que salió por generación espontánea (o no tan espontánea, imagino, ehem) durante la confección. Cosa que solucioné con un bonito botón del mismo color de la tela. Al final el puño me quedó tan mono como esas rebecas tan chulas de la marca que no es igual. Pero como una servidora estaba sembrada y florecida, los desastres no terminaron ahí: monté la solapa exterior del revés, cosa de la que sólo me di cuenta al probármela (quedaba arrugada, estrujada, raruna). ¿Solución al aparente e irreversible desastre? coger mis mejores tijeras, cortar justo por el borde para no quitar demasiado tejido a la solapa y volver a coser la pieza, esta vez bien. ¿Resultado? chulo a morir. Me encanta que el borde remallado en beige grisáceo, que va de miedo con el verde lima del canalé, quedara justo en el exterior, así que ni tuve que rematar la solapa como con el modelo azul (mi propia torpeza ya se encargó de rematarla por mí, vaya).
Tiempo de realización: incluyendo remiendos y maniobras de recuperación, dos horas y media cada una.
Coste total: 33€ (canalé de merino), 2€ (hilo, botón, papel, otros gastos) = 35€ el modelo verde
                   16€ (felpa no perchada), 2€ (hilo, papel, otros gastos) =  18€ el modelo azul



Vista frontal


Vista trasera



El detalle del remiendo (perdón por el color)





La solapa remallada



Vista trasera (en ésta se aprecia el color real)


El puño reparado


El borde remallado, se aprecia muy ligeramente el borde cortado al ras de la costura




Aquí se ve el puño a contrahilo (el del fondo)


L'incontournable

Este patroncito lo descubrí por casualidad en la web de su diseñadora; acababa de sacarlo a comienzos de año y me gustó el aspecto semiformal de la prenda, a medias entre chaqueta y rebeca. Junté un retalín de felpa perchada gris marengo que me sobró de un pantalón de mi marido con sudadera perchada gris claro de mi tienda local de tejidos (El Kilo del Valle San Lorenzo, para la chicharreras). Para las que tengan necesidad de botones, el patrón es fácilmente modificable para ponerle una hilada entera, lo mismo que se puede poner un botón grande o un corchete en la parte alta del delantero, pero no me apetecía, así que lo dejé tal cual. Una de las cosas que más me gustó fue la manga, ligeramente caída hacia el exterior, de modo que no deja al descubierto la muñeca al doblar el brazo, cosa que agradezco infinito porque tengo los brazos largos y muchas veces tengo que alargar las mangas de los patrones. Estos patrones se montan sin recortar la página, así que cuidadín con las impresiones torcidas ya que no hay nada que recortar. Hay que unir las páginas, pegarlas y luego completar con un lápiz el trazo de página a página. Además, no incluye márgenes de costura (yo le puse medio centímetro para montarla con remalladora y tres en el bajo de la manga y el vuelto). Se remata con una vista continua (la hice marengo, como la pieza a contraste del delantero) y decidí ponerle un pespunte decorativo en gris oscuro con la puntada de espiga que tanto me gusta. El resultado: una rebeca ligera, pero de poder calorífico nada desdeñable a pesar del corte más despegado del cuerpo.

Modelo: l'incontournable (MLM patrons), 5€
Talla: S. No hice la talla más pequeña, como suele ser mi costumbre, porque quería tener margen de maniobra para llevarla con algo más grueso que una camiseta por debajo.
Modificaciones: en teoría las mangas se rematan con un vuelto, pero al ver que me quedaban perfectas tal cual decidí hacerles una vista copiando la parte inferior del patrón de la manga para no restarle largo ni perder la bonita forma caída que tanto me gustó. Durante el proceso de construcción no seguí las instrucciones para el montaje de la manga, con la manga ya cerrada; la monté en plano porque me gusta más hacerlo así, creo que cuesta menos casar la costura de la sisa de este modo. Aunque tratándose de un género con cierta elasticidad no tendría porqué haber problemas de ninguna clase y lo mío es más preferencia personal que otra cosa.
Tiempo de realización: dos horas.
Coste total: 16€ (felpa perchada), 3€ (hilo, papel, otros gastos) = 19€


Aaahhh, esas mangas largas, al fin...



Vista frontal


La forma de la manga


La vista


El balance final es que he repuesto cuatro rebecas que están teniendo mucho uso, en tejidos tanto de invierno como más de entretiempo. Soy una amante de los colores lisos para este tipo de prendas porque la idea es que combinen con el mayor número de atuendos posible, así que el marrón, el marino, el verde lima y el gris son bazas seguras. Para el verano habrá alguna más, en tejidos más ligeros y colores más alegres, y posiblemente para el próximo otoño caerá alguna de aspecto más informal y retalero porque quiero aprovechar al máximo lo que ya tengo y no desperdiciar ni un pedacito de géneros que me cuesta horrores encontrar por estos pagos.

Y hoy no quiero despedirme sin recomendar la película Hitchcock de Sacha Gervasi (2.012). Se adentra en los entresijos del rodaje de Psicosis y es un auténtico placer ver a dos actores como Anthony Hopkins y Helen Mirren convertirse en el director inglés y su mujer. Eso para quien no prefiera ver Rebeca y degustar el suspense hitchcockiano en estado puro (genial trabajo de Lawrence Olivier, Joan Fontaine y Judith Anderson, por cierto). Hasta la próxima y feliz costura, de rebecas o de lo que se tercie.



lunes, 2 de febrero de 2015

Estilo y plan de costura. La prática

El año pasado seguí -sin mucha constancia y con un ojo distraído, todo hay que decirlo, por causas ajenas a mi voluntad-, la serie de entradas The Wardrobe Architect en el blog Coletterie. La iniciativa de la diseñadora estadounidense Sarai Mitnick me guió en el proceso postapocalíptico de la limpieza de armario que describí en mi anterior entrada. Este año es Kristen, de su equipo de Colette Patterns, quien ha retomado el proyecto con la intención de formar su propio guardarropa sin comprar una sola prenda nueva.

Me he sumado al reto para ir compartiendo mis progresos, mis tropiezos y conclusiones a la hora de construir un guardarropa funcional que me refleje mejor como ser humano. Me lo tomo como un comienzo, ya que, por definición, somos seres mutables: nuestros cuerpos cambian, nuestros gustos evolucionan y nuestras necesidades varían con el tiempo y los acontecimientos de la vida. Por tanto, entiendo que el concepto de "estilo" -tan resbaladizo él- es progresivo, sujeto a mutaciones -genéticas o no- y es uno de los más difíciles de definir. Me he dado cuenta de que, si uno rasca un poquito, bajo la capa superficial que suele envolver el uso o de la ropa, hay una mina de información que procede de multitud de frentes y requiere de cierta dosis de autoconocimiento para ser procesada.

El estilo, que yo entiendo como una mezcla de factores estéticos, psicológicos y necesidades prácticas, está influenciado a la hora de la verdad por una serie de circunstancias:

  • La persona, sus circunstancias y su físico. En mi caso, mujer de 38 años, delgada, sin rasgos particulares. Me caracteriza la peculiaridad de que, después de traer dos hijas a este mundo, mis contornos de pecho, cintura y cadera caen en tres tallas diferentes, lo que me obliga a hacer a veces extrañas maniobras de repatroneo para que la prenda final me siente bien. Me consuela pensar que al menos ahora tengo bajo control cosas que cuando compraba ropa eran casi irreversibles o me obligaban a procesos de modificación absurdos y que a veces no salían del todo bien. Por ejemplo: si una simple camiseta me sentaba bien de pecho, las mangas eran desesperadamente cortas y el bajo subía demasiado, haciendo que a cada momento tuviera que tironear de la prenda para que me cubriera el vientre, que aquellos maravillosos vaqueros de talle bajo tampoco eran capaces de cubrir. Un asco, si tenemos en cuenta que la talla superior solía quedar demasiado holgada, sobrándome tela en los costados. Cualquier elección era mala. Y repito, estamos hablando de alguien que se movía entre las tallas 36 y 38. Conclusión: el tallaje de la industria no coincide con la realidad y cualquier mujer corriente puede llegar a sentirse deforme, hasta las más delgadas. En general, me siento cómoda con mi cuerpo, incluso con mi talla 75A de sujetador, a pesar de las experiencias que acabo de relatar.
  • Las necesidades. Madre de dos hijas, con trabajo de oficina y perra que pasear. Oscilo entre mi jornada entre papeles, los recados, las recogidas del colegio de mis hijas y los paseos perrunos por senderos cercanos. 
  • Los gustos. No me gusta la ropa excesivamente ajustada, si hay algo que me desagrada es sentir limitada mi comodidad o mi libertad de movimientos por una prenda. A lo que se une que el año pasado tuve que dejar de usar una prenda que me encanta: los vaqueros. Cuando los ganglios linfáticos se quejan hay que hacer caso, así que la ropa excesivamente ajustada en la entrepierna dejó de ser utilizada. Tal cosa no me costó demasiado porque ya estaba en transición hacia un guardarropa hecho a mano y los pantalones no estaban muy presentes en esa fase. Lo bueno de todo eso es que mi proceso de definición de estilo fue enriquecido por una revisión -obligatoria, pero no por ello menos válida- de mi relación con mi propio cuerpo y la ropa que me cubre. Llegué a una conclusión principal: mi ropa ideal es aquella que no se hace notar, la que puedo llevar puesta durante horas y no recordarla para nada. A veces, tener claro lo que no gusta ayuda a definir lo que sí. Por ejemplo, si no me gustan las prendas abotonadas en la espalda, descartaré las prendas que cierren de este modo.
  • Las elecciones de estilo. Desde la adolescencia tengo una preferencia no disimulada por la ropa holgada y los colores oscuros. Durante años, en mi armario predominaron el negro, el azul marino, el gris, el caqui. Mi uniforme eran vaqueros y camisetas, en su mayoría heredados; salvo excepciones, no disfruté de ropa nueva comprada a mi gusto hasta los 20 años. Cuando empecé a coser, pasé del estilo normcore y más bien deportivo a explorar nuevas formas, nuevos tejidos, y por el viejo y comprobado método prueba-error,  a detectar qué cosas me sentaban bien y me funcionaban en mi vida diaria. Mi silueta preferida es rectilínea y en ella destaca muy poco el pecho, por motivos obvios. No rehuyo el volumen en mi mitad inferior, ya que me gusta llevar faldas con más o menos vuelo, pero en la superior evito conscientemente los escotes demasiado abiertos o pronunciados ya que no hay curvas que realzar. En horario de trabajo suelo optar por vestidos -no excesivamente entallados ni demasiado llenos de detalles decorativos- ya que me hacen más fácil la combinatoria mañanera. En cuanto al largo, suelo optar por el largo por la rodilla o justo por encima; no llevo minifaldas ni maxifaldas, ya que no me facilitan la vida. Si de hacer compras o pasear fauna doméstica se trata, prefiero prendas de aspecto andrógino o industrial, imperceptibles de lo cómodas que son. Ahí prefiero pantalones+parte de arriba o petos con camiseta. En invierno suelo llevar camisetas como partes de arriba porque me ayudan a mantenerme calentita, sin embargo en verano no llevo camisetas porque odio la sensación del tejido elástico mojado por el sudor cerca de la piel. Así que para mis partes de arriba elijo mangas kimono o raglán, mis preferidas por la ventilación que proporcionan, en tejidos no elásticos y finos, más transpirables. Puestos a buscar definiciones, diría que mi estilo es femenino, cómodo, amante de las formas simples. En resumen, las elecciones van variando, ya que una no deja de darse cuenta de nuevos descubrimientos y preferencias, este es una especie de camino personal en el que siempre se descubren cosas nuevas.
Las herramientas con las que planifico mi costura son tres: la lista de deseos, el inventario de patrones y el plan de costura.

  • La lista de deseos. Es un documento de texto de Google drive donde vuelco mis flechazos patroniles y me permite filtrar, entre todo aquello que me llama la atención, lo que puede funcionar y lo que no. No es la biblia ni un decreto-ley, y tanto pueden entrar modelos como salir. Si compro alguno, lo paso al siguiente documento, así que es un texto en permanente modificación. Aquí no distingo entre temporadas, sólo hago una agrupación en bruto por tipo de prenda.
  • El inventario de patrones. Es una hoja de cálculo de Google drive donde anoto el nombre de patrón (y diseñador), formato (.PDF o papel), tipo (hombre, mujer, niña o mascota), fecha de adquisición (si la recuerdo), definición muy simple del modelo, veces que lo he hecho y talla realizada. En análisis preliminar, me permite dilucidar si ese nuevo modelo taaaaaan estupendo que acabo de anotar en la lista de deseos se parece sospechosamente a algo que ya tengo (y que, oh casualidad, es fácilmente tuneable). Y en uso continuado me permite llevar un control de lo que tengo, de lo que carezco o de lo que tengo demasiado.
  • El plan de costura. Es otro documento de texto de Google drive (en realidad son dos, uno por temporada) donde anoto por tipologías lo que necesito coser: prendas de abrigo, vestidos, pantalones, partes de arriba o prendas interiores adecuadas a cada estación. Para calcular las cantidades que necesito, tengo en cuenta las prendas que están en rampa de salida en mi inventario de armario. Todas las temporadas hay al menos un par de ellas en cada categoría, a punto de morir y sin posibilidad de recuperación, así que planifico en consecuencia. Muchas veces no es necesario adquirir ningún patrón nuevo, ya que con un simple cambio de tejido un mismo modelo puede funcionar bien todo el año. Junto al modelo y cantidad, anoto mis ideas de tejidos para cada realización. 
A continuación y como ejemplo práctico, algunas de mis elecciones para el plan de costura de este otoño-invierno en vigor. Están ya cosidas, en espera de ser fotografiadas. El plan de primavera-verano está en elaboración, que remataré a lo largo de este mes.

  • Rebecas. Soy de rebecas, lo confieso, pero como tejer de momento no es lo mío, me he quedado con:


Oslo, del primer número de Seamwork

Julia, de Mouse House creations

  • Camisetas de manga larga. Mi imprescindible del invierno.


Renfrew, de Sewaholic


Brontë, de Jennifer Lauren Vintage

  • Vestidos. 

Pernille pencil dress, MariaDenmark



Autumn love, de Nettevivante

  • Pantalones.

Holly (v.3), de ByHandLondon

  • Jerseys.

Aime comme Minute, de Aimecommemarie, versión manga larga

En resumen, así es como planifico mis costuras. Lo cual me origina sesiones temáticas de trabajo: montaje/calcado de los patrones, pruebas correspondientes, sesiones de corte y -finalmente- sesiones de costura. Ello espacia las sesiones de costura si no hay emergencias por medio (léase: costura de carnaval para niñas o costura doméstica de variada índole), pero me vuelve más productiva.
¿Hay alguien ahí siguiendo The Wardrobe Architect? ¿Qué tal el reto de enero?