domingo, 5 de enero de 2014

Año nuevo, parches nuevos

Al fin vuelvo a la carga, después del parón obligatorio de las fiestas. A lo tonto a lo tonto, llevo un mes sin publicar nada, y prácticamente sin coser a lo grande, ya que desde el temporal de principios de diciembre lo único que he hecho ha sido costura pequeñita y a mano. Parchear, remendar calcetines, coser lacitos y botones sueltos, recuperar bajos que empiezan a ceder... Mi antiguo ordenador tampoco colaboraba demasiado, ya que a sus siete años la imposibilidad de actualizar el sistema operativo me estaba limitando mucho para publicar con una inversión decente de tiempo y  un razonable esfuerzo mental. Así que ahora con ordenador nuevo y más tiempo que en época festiva, cuando las comidas familiares y reuniones varias nos marcan el ritmo, retomo blog y costura.

Hoy os enseño un proyectito del pasado diciembre, unos parches decorativos y funcionales para alargar la vida útil de los pantalones (en este caso de mis hijas) o cualquier otra prenda. Todo el que tiene niños rondando por casa sabe que pasan mucho tiempo de rodillas, así que la parte de los pantalones que más sufre es justamente ésa. Las mamás observadoras detectamos primero un sospechoso adelgazamiento del tejido en esa zona. Luego, unos cuantos usos más tarde, una reveladora separación de las fibras, que son el preludio inmediato del tan temido agujero. A veces puedo intervenir pronto, antes de que haya agujero, pero otras, cuando el pantalón es de los preferidos e imprescindibles en la rotación semanal, no tengo otra alternativa que secuestrarlo y hacer una intervención rápida estilo comando. Lo que me obliga a esconderme o trabajar con la nariz de la pequeña interesada a centímetros de la aguja.
Al tratarse de parches que se van a ver sí o sí y que puede que tengan un tamaño importante, intento hacer algo bonito. Hoy en día existen multitud de parches adhesivos en el comercio. Un par de veces al año en el Lidl, por citar un ejemplo cercano, tienen parches adhesivos de Winnie the Pooh, Hello Kitty y otros personajes de dibujos animados de gusto infantil. También hay en Vertbaudet y en casi cualquier mercería de barrio, que nada tienen que ver con aquellos horrorosos parches ovalados de color liso que eran lo único disponible cuando servidora era pequeña. Pero para mí la lista de inconvenientes de estos parches es bastante larga:


  • No a todos niños les gustan; a una le puede tocar en suerte un hijo/a antisistema (o puede ser una misma una mamá antisistema) que no guste de los productos derivados del mercado audiovisual convencional. O que en la mercería de turno no tengan nada que guste a un pequeño cliente de ideas claras y definidas. O que el parche en cuestión no cuadre ni a tiros con el estilo de prenda, que sea demasiado historiado, grande, pequeño, escandaloso... (rellénese con lo que proceda en la línea de puntos).
  • No son aptos para todos los tejidos -dado que se aplican con plancha, no suelen ser aptos para tejidos con mezcla de fibras artificiales que no toleran mucho calor-.
  • Tienden a despegarse al primer o segundo lavado, lo que hace que haya que reforzarlos con costura manual, lo que a fin de cuentas duplica el trabajo.
  • No suelen tener una vida larga, especialmente lo que tienen zonas de tejido afelpado, que con el uso y los lavados hace bolitas, que adelgazan el tejido y dejan ver el de fondo.

Así que en esta ocasión decidí dar rienda suelta a los gustos de mis hijas para hacer parches cosidos que resistieran mejor aunque me dieran de entrada un poco más de trabajo. Empecé por los pantalones de chándal de la pequeña, de sudadera de algodón orgánico. Ya fueron usados a conciencia por su hermana mayor, así que más bien me extrañó que hubieran tardado tanto en asomar los agujeritos. Como está en la "fase corazón", llenando de corazones todos sus dibujos, le sugerí unos corazones para los parches, cosa que en principio pareció gustarle. Usé un retal de muletón rojo que me sobró de un jersey que me hice el año pasado y tracé los corazones. Para aplicarlos a la tela los presenté con alfileres y los cosí con un hilo de bordar perlé matizado, a juego con el color del tejido. La técnica está inspirada en el sashiko japonés, una técnica de refuerzo y remiendo decorativo usada por los campesinos de Japón desde el siglo XVIII, que me parece inspiradora y del que hice una versión libre y muy simple. Jugué un poco con la disposición del tono variable del hilo para crear el brillo tridimensional del objeto, que quedó muy bien. Pero... a Estela no le gustó. Protestó sonoramente y, gracias a una ocurrencia de su padre, que indicó que los corazones parecían fresas (su fruta preferida), busqué unos trocitos del jersey verde claro para hacer los rabitos de las frutas, que apliqué con la misma técnica pero en sentido horizontal. Ahora sí, el resultado quedó de su gusto. Y yo suspiré con manifiesto alivio.






Pero me quedaban los vaqueros de Celia. Y en la misma línea de su hermana, eligió unas manzanas, su fruta favorita. La diferencia en este caso era el tejido a reforzar, que me hizo elegir una tela de grosor y comportamiento similar al vaquero. Elegí una sarga verde de tacto terciopelo a la que le dimos forma con ayuda de una plantilla de dibujo. El tallo lo bordé con perlé liso marrón claro para que la conexión entre la fruta y la hoja fuera estética, y las manzanas y hojas se aplicaron igual que las fresas, con punto de hilván al tresbolillo de inspiración japonesa que le da al parche un relieve característico. 











El resultado les gustó a las dos, de modo que tiran de pantalón parcheado hasta para salir a dar una vuelta, como indica esta imagen de prueba. Y no me extraña, los pantalones decorados son mil veces y media más chulos que los normales, corrientes y molientes.






Para quien tenga ganas de experimentar haciendo parches cosidos (da igual la edad del destinatario de la prenda parcheada), os doy unas pequeñas sugerencias a tener en cuenta para que parche tenga una vida larga. 







Y si hablamos de frutas, a mí me viene a la cabeza Carmen Miranda y aquel maravilloso sombrero-frutero que lució en tantas películas. Hasta en una de ellas -The gang's all here de 1.943, dirigida por Busby Berkeley- interpretó una canción que versaba justamente sobre tan lucido y frutal accesorio, que es ésta que pongo hoy en honor de las fruteadas prendas de mis chicas. Porque ¿qué es la vida sin un poco de alegría (en el vestir o donde sea)?

Por lo demás, os deseo feliz y mágica noche de Reyes. Que la magia os acompañe todo el año.


1 comentario:

  1. Vaya una cucada de pantalones que han quedado. No conocía esa técnica japonesa, que me resulta similar a lo que mi abuela llamada un "pasado de bastilla". El resultado de lo más sabrosóoooon!!!!

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