lunes, 28 de julio de 2014

Patrones básicos, cómo elegirlos.

Vuelvo a la vida bloguera, por fin. Han sido demasiados meses sin poder coser, ni sentarme siquiera a contar lo poco que he confeccionado este año, ni humor para nada. En lo personal está siendo un año complicado, así que una desconexión bloguera como la de los últimos meses ha sido terapéutica y muy necesaria. Ruego no me lo tengan en cuenta.

Hoy vuelvo con una de las entradas teóricas que anuncié hace un par de meses. Cuando hablo de patrones, suelo referirme mucho a lo que llamo "patrones básicos". Entiendo por patrón básico aquél que me permite confeccionar una prenda no excesivamente complicada en cuanto a diseño pero susceptible de sufrir múltiples modificaciones, tanto en lo relativo al tejido como al diseño en sí mismo (sugeridas o no por el diseñador). Las prendas básicas, a su vez, suelen ser aquellas que pueblan nuestros armarios en más de una unidad (por lo general de acuerdo a las estaciones) y que son fácilmente combinables con distintos tipos de prendas. Por ejemplo, una camisa de botones. Un dos tres, responda otra vez: la camisa de botones, el pantalón vaquero, la chaqueta sin solapas, la falda recta, un vestido entallado. A quince pesetas la respuesta, tenemos un total de setenta y cinco pesetas. Hecho el chiste fácil "concursil", sigamos.

Definir qué prendas son básicas en el armario de cada uno es algo muy personal y debería ir acorde con el estilo de cada cual y sus necesidades indumentarias. Generalmente, uno no necesita la misma ropa para ir a trabajar que para hacer la compra o hacer deporte. Así que en función de cómo tengamos distribuidas nuestras actividades y, el uso que hagamos de las prendas, tendremos unas cuantas pistas de qué patrones tenemos que buscar para satisfacer nuestras necesidades.

Seguidamente, os cuento qué busco yo en un patrón para referirme a él como básico:

  • Sencillez. Para empezar, no hace falta elegir patrones con diseños especialmente complicados, con chorrocientas piezas y mil y un retos constructivos. Un diseño simple se presta a múltiples modificaciones y esta es la principal característica de un patrón versátil. Cualquiera que se preste a ser realizado en distintos tejidos, que permita conseguir un look de trabajo, de diario o de fiesta sin tocar absolutamente nada del diseño es un punto a favor. Y que sea realizable en tejidos no extensibles, tanto como en género de punto es otro elemento maravilloso (sí, esos patrones mixtos son un ave rara, pero existen). También entran en esta categoría los patrones con varias versiones, que nos permitan combinar distintos elementos de diseño, como mangas, escotes, largos de pernera, vuelos de falda o bolsillos para lograr múltiples variaciones de la misma prenda.
  • Modularidad. Elegir una prenda de las llamadas "básicas" nos permite combinarlas en función de las ocasiones. Un pantalón con un corte que nos siente bien siempre podrá combinarse con camisetas o blusas en función de la ocasión y realizarse en tela vaquera o satén. Una falda lápiz puede hacerse en tejidos aptos para oficina o en punto para un uso relajado. Lo básico de una prenda lo da su posibilidad de combinarse con el mayor número de prendas posible, y eso generalmente viene dado por el uso del color que hagamos. Por norma común, un color liso es más combinable que un estampado: podemos coser un blazer precioso, pero funcionará mejor si elegimos un color liso que combine con la paleta dominante de nuestro guardarropa, que si elegimos un satén floreado demasiado vistoso y poco combinable. Los colores lisos son una apuesta segura, si forman parte de la paleta que mejor nos favorece.
  • Favorecedor. Un patrón básico sienta bien. Su corte remarca aquello que nos gusta destacar o bien oculta lo que no queremos enseñar. Es así de sencillo. Se trata de averiguar qué cortes, siluetas o detalles son las mejores para nosotras y nuestras particularidades anatómicas. Los que funcionan. Los que no, se van descartando. Lamentablemente no hay fórmulas mágicas, a veces la prueba y el error son la única forma de ganar en autoconocimiento, aunque ayuda intentar averiguar qué tipo de silueta se tiene para elegir en consecuencia. A veces no hay más remedio que asumir que un patrón que nos pareció maravilloso y brillante, al ser analizado fríamente pierde todo su atractivo. Que tras el arrebato comprador vemos que no funciona.
  • Practicidad. Un buen patrón resulta en una prenda que no sea engorrosa de utilizar. La comodidad no es negociable, y busco aquellos detalles que me hagan la vida fácil: bolsillos, facilidad de cierre (o de modificar el sugerido), holgura suficiente. No hay nada peor que tener un vestido precioso con botones a la espalda... que se claven cuando te apoyas al sentarte. O una falda lápiz demasiado estrecha que no te permite andar bien. O un vestido con una cremallera latosa y un corchete difícil de cerrar.

Vale la pena hacer una labor de investigación previa antes de una nueva adquisición. Revisar los comentarios de otras costureras o ver prendas terminadas y evaluar los resultados en morfologías similares a la nuestra ayuda a tomar una decisión respecto a un patrón dudoso.

También vale la pena dedicar tiempo a revisar nuestro concepto de estilo, a hacerle la autopsia a nuestro armario e incluso inventariar su contenido. Definir qué nos gusta vestir, y porqué nos permitirá elegir fríamente un nuevo patrón, al margen de los flechazos que suponen las novedades que constantemente salen en la blogosfera. Y hay que recordar una cosa: el estilo permanece, las modas pasan. Descubrir aquellos elementos que permanecen en nuestro armario con el paso del tiempo nos da claves sobre aquello que define nuestra manera de vestir, sobre los elementos característicos de nuestro estilo personal. Nuestras elecciones hablan de nosotros, sólo hay que saber escuchar.

Y ahora, la chicha a la que hincarle el diente: mis patrones básicos.



Una perfecta camiseta pensada para tejidos no elásticos. Permite retalear a gusto, o no y en su web hay tutoriales para adaptarla a tejidos elásticos.



Hasta nueve combinaciones de escotes y mangas son posibles.  Y con un poquito de matemática básica, hasta vestidos salen. Palabra.




Un todoterreno para todo el año. De tejidos frescos para el verano o franela para el invierno. Fácilmente versionable y con un librito extra de variaciones gratis.




Otro todoterreno que puede funcionar todo el año.

Edición del 14/05/2015: he retirado el enlace a la prenda de Aime comme Marie ante el debate surgido en Francia sobre la originalidad de varios de sus diseños. 




Unos pantalones ajustados que pueden funcionar todo el año siempre que el tejido tenga hasta un 5% de elastano. 


Esta es una lista resumida, sujeta a nuevas incorporaciones:
  • Otra chaqueta básica podría ser la Ninot de Pauline Alice, que viene con la versión de niña incluída (lo cual me viene de perlas porque es un diseño clásico precioso).
  • Más camisetas básicas podrían ser la de raglán de Naii (verdadera multiusos que en mi familia viste nada menos que a tres mujeres de distintos tamaños por sólo 5€) o The Tee de Sewing Cake, una de mis favoritas ya que tiene manga kimono (y es gratuita).
  • Como vestido multiusos, el nuevo Myrtle de Colette es un combo que igual funciona en tejido no elástico como en género de punto (tutorial de adaptación a tejidos no elásticos en su web).
  • Blusas como la Carme de Pauline Alice o la Afternoon Blouse de Jennifer Lauren Vintage también serían buenos patrones básicos.

Como hemos dicho, mientras haya posibilidad de variaciones y sean modelos combinables y favorecedores, tenemos patrones básicos. ¡Hasta la próxima!








sábado, 19 de abril de 2014

Trucos para una costura productiva

Aún no vuelvo a mostrar mis proyectos, sigo teniendo que reposar, pero hoy quiero compartir con vosotros una serie de estrategias que utilizo para lograr que mi tiempo de costura cunda como es debido. A fin de cuentas, la productividad no es más que la eficiencia en el uso del tiempo a la hora de llevar a cabo una tarea. En este caso, la costura (de prendas de vestir o de otras cosas).

Como muchos sabéis ya, soy madre y trabajo fuera de casa, además de hacerme cargo de mi consabida parte de trabajo doméstico. No me sobra el tiempo y aún así, en épocas buenas en las que no me falle la salud ni la integridad física, confecciono un mínimo de dos prendas de vestir por semana (siete en una misma semana es mi record personal). Sin una buena organización, en mi vida coser es imposible, o se hace más cuesta arriba de lo necesario. Así que ahí van mis recomendaciones y mi experiencia para que vuestro tiempo cunda mejor:

  • Planifica. Dedica tiempo a reflexionar sobre tus necesidades, lo que quieres incorporar en tu guardarropa. Puede ser mientras realizas cualquier tarea mecánica relacionada (por aquello de que ver la ropa ayuda a pensar sobre ella), como poner la lavadora, planchar, guardar la ropa en su sitio o como yo, antes de dormir, en ese rato de duermevela que precede al sueño. Suelo recordar lo que pensé a la mañana siguiente, aunque no me faltan un cuadernito en el bolso o al lado de la cama por si acaso divago demasiado. La cuestión básica para que la lista de necesidades sea realista es tener en cuenta lo que se tiene y lo que se necesita, para que lo nuevo encaje sin esfuerzo en el armario. En dos aspectos fundamentales: tipo de prenda y combinabilidad con lo preexistente. Por ejemplo: si solemos vestir usando una paleta de tonos tierra, coser una camiseta fucsia no será buena idea porque se dará bofetadas con lo que tenemos. Si nuestro estilo es más bien informal, coser un vestido de lamé dorado tampoco es una idea genial, porque posiblemente no tengamos ocasión de lucirlo. Si somos de pantalones, ¿qué hacemos cosiendo minifaldas? Tener claro lo que se va a coser ayuda a priorizar los proyectos y no dispersar el tiempo en cosas que no necesitamos realmente o que no vamos a usar porque no encajan con nuestro armario.
  • Agrupa las tareas. Con esto quiero decir que, si puedes dedicar una tarde o varias sólo a calcar patrones, hazlo. Lo mismo para cortar la tela necesaria para cada proyecto y prepararla en una cajita, cestita o bolsa con todo lo necesario para llevarlo a cabo (hilo, cremalleras, botones y las instrucciones de cada patrón). Y luego, dedica los días que necesites a coser, ya con todo organizado. Escalonar y agrupar los procesos incrementa la productividad y tendrás mejores sensaciones con respecto a lo que logras hacer cada día, aunque sea poco. Puedes hacerlo con periodicidad semanal, quincenal o mensual, depende de tu volumen de costura y disponibilidad.  
  • Como con las recetas de cocina, recomiendo leer las instrucciones de un patrón nuevo previamente para no llevarnos sorpresas a la hora de coser. Así, si se nos plantea una técnica que aún no dominamos, tenemos tiempo de buscar tutoriales por internet para empaparnos de la cuestión antes de tenerla entre manos, de modo que a la hora de la verdad no perdemos tiempo mirando y rebuscando por ese Pinterest de dios. Que la primera vez que leas las instrucciones no sea con la prenda cortada delante marca una diferencia muy grande, porque no pierdes el tiempo dilucidando el porqué y el cómo de las cosas.
  • Dedícate un tiempo diario para la costura. Tanto si es sólo media hora como si son dos horas, busca la franja horaria que mejor te convenga. En la que tengas mejor claridad mental y menos probabilidad de sufrir interrupciones. A mí me cunde mucho la primera hora de la tarde, cuando las niñas juegan después de comer (son grandecitas y ya no duermen siesta), pero hay gente a la que le cunden más las horas nocturnas, cuando los demás duermen. Incluso aunque dispongas de poco tiempo para coser, puede cundir. Y la maestría llega con la práctica; la constancia siempre es buena aliada para mejorar las habilidades técnicas. Si acabas de empezar a coser y sientes que tardas mucho haciendo cualquier cosa no te desanimes, la práctica hace al maestro. Cuando lleves un par de años cosiendo tu velocidad de trabajo será mayor que ahora, prometido.
  • No tengas miedo de repetir. Si un patrón te gusta, te queda bien y funciona en tu guardarropa, adelante. Cortar y coser a la vez dos o más prendas a la vez no es ningún desdoro, siempre que lo hagas bien. Aplica el principio del trabajo en cadena, un bonito invento de la revolución industrial, aunque aquí la cadena sólo tenga un eslabón. Agrupa procesos: por ejemplo, cierra los hombros de tres blusas a la vez, o pones las cremalleras de las tres faldas seguidas. Lo bueno de la repetición es que la práctica hace que se tarde menos en rematar un segundo o tercer proyecto, así que aprovéchalo en tu favor. Cuando llegas a cierto nivel de destreza y repeticiones, las instrucciones se consultan poco o nada, lo que también acorta el proceso de confección. Otra cosa: un patrón nuevo siempre se comerá más tiempo que uno habitual en nuestra costura, y hay patrones más complicados de realizar que otros. Eso también es importante a la hora de organizar nuestra lista de necesidades.
  • Compra de forma inteligente. Cuando vayas a tu mercería o tienda textil habitual, lleva el patrón o patrones que vayas a hacer (o lleva anotadas las medidas necesarias de tejidos y mercería, así como los tejidos recomendados). De este modo compras a tiro hecho y tienes menos probabilidades de cargar tu arsenal con cosas que no necesitas realmente para ahora mismo. Y respecto a los patrones, da prioridad a la adquisición de prendas básicas fácilmente modificables, que sepas seguro que cuadran con tu vestuario habitual. Intenta no sucumbir a las tentaciones en forma de vestido monísimo que difícilmente puedes tener ocasión de llevar, sobre todo si lo que te va son las mallas.
  • Busca un rincón propio para coser. Muchas veces tomamos prestada la mesa del comedor, o una esquina de la de la cocina, y tenemos que montar y desmontar el chiringuito cada vez que vamos a hacer algo. Eso, aunque sea una obviedad decirlo, roba mucho tiempo efectivo de costura. Disponer de un rinconcito propio permanente ayuda a aprovechar el tiempo. Yo me instalé en el cuarto de máquinas de casa, junto a la lavadora y la tabla de planchar. Bien mirado... no es mala opción, todos los procesos relacionados con la colada se llevan a cabo en el mismo sitio. No tengo distracciones cerca, no oigo el timbre de la puerta ni el teléfono y tengo todo en el mismo espacio. Antes de eso cosía en el salón, tenía todas mis cosas en el aparador y tenía que desenterrar todo cada vez que iba a hacer algo, lo que me hacía perder minutos preciosos, de esos que no sobran.
  • Mantén un orden en tu espacio. ¿Recueras aquella frase que decía "un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio"? Sé que en el fragor de la costura cuesta mantenerlo todo a raya, pero es importante dedicar unos minutos diarios a recoger lo que se ha sacado en el día, y un ratito largo semanal pasando la aspiradora y recolocando a mayor escala. Mis tejidos viven en cajas de plástico transparente, apiladas. Están agrupados por tipos de tejido: para blusas, para pantalones/chaquetas, para camisetas/leggings/pijamas, para compresas. Los artículos de mercería también tienen su lugar: un maletín para los botones, otro para los snaps de resina, una caja para los trozos de bies, otra para las cintas de raso, las herramientas de corte, las de marcado, los estabilizadores, los hilos (por colores), las cremalleras... Todo, y digo todo, es susceptible de ser ordenado (y ahora habla la archivera que soy a la luz del día). Da trabajo de entrada, pero a la larga nos aligera encontrar lo necesario. Y siempre se pueden reutilizar botes de cristal o tuppers rectangulares de comida china para almacenar nuestros cachivaches y localizar el contenido de un simple vistazo. 
  • No te exijas lo que no puedes dar. Todos tenemos rachas complicadas. Por problemas de salud, cansancio o simple y corriente falta de inspiración, hay veces en que la costura se resiste, no sale bien, no acaba de cuajar. Sentimos que perdemos la magia, el arte, la gracia. Pero siempre vuelve. A veces, basta con coser para otra persona, otras veces ayuda leer el Burda o algún libro de costura, o simplemente hay que desconectar del costureo unos días o semanas por aquello de restarnos presión creativa. No hay fórmulas mágicas, sólo dejar que los acontecimientos sigan su curso. Secanos creativos hemos tenido todos y de todos ellos se sale, así que ánimo.
  • Cose sólo lo que quieras coser. Parecerá una chorrada decirlo, pero coser proyectos de los que una no está convencida es matador y frustrante. Si disponemos de poco tiempo, dedicarlo a algo que no sale bien o no nos gusta es la mejor manera de sentir que estamos tirando nuestras valiosas horas a la basura. Huye de eso, porque se supone que la costura es un antiestrés y nos hace sentir bien; desde el momento en que nos hace sentir mal, no funciona. Así que si hay que decir que no a algo o a alguien, se dice, pero decirlo para nada es tontería ;-)

Y por hoy, esto es todo. Mi vuelta a la actividad es lenta, igual que mi recuperación, así que de momento mis entradas son más teóricas que prácticas. Espero que ésta os haya servido de ayuda. ¿Se os ocurren más estrategias que se puedan incorporar a esta lista?

martes, 1 de abril de 2014

Un regalo inesperado

Pues eso pensé cuando vi cierto comentario en mi última entrada. Me dan un premio por no hacer nada, qué cosas. Eso es que me ven con buenísimos ojos.

Como habéis podido ver, queridos lectores, llevo un tiempo desconectada del mundo bloguero. Hace dos meses de mi última entrada y si he de ser sincera, estoy pasando una racha personal complicada. Este año los virus no nos han dado tregua, y hemos pillado todo el catálogo de microorganismos de finales del invierno y comienzos de la primavera, sin contar con un reciente episodio alérgico de mi hija pequeña. Además, en mi última revisión ginecológica ha aparecido un evento que requiere un tratamiento largo y latoso, con resultados inciertos ya que hasta el año que viene no sabré si ha funcionado o no. Y por si eso fuera poco, una molesta y preocupante inflamación de ganglios linfáticos me ha obligado a permanecer lejos de mi querida silla de oficina en la que me siento para coser, lo que ha reducido mi costura al mínimo imprescindible para la supervivencia doméstica.

Y justo cuando estoy pensando en cortarme la coleta de esto del blogueo costuril por falta de ánimos, tiempo y condición física, viene mi querida Mary Carmen de Sentarse a coser a dejarme un regalito, una nominación para el Liebster Award. O sea, que me ha dado un premio. El Liebster Award es un premio para blogs pequeños, como éste, con menos de 200 seguidores. Así que algo bueno ha debido ver mi compañera en este humilde blog para honrarme con sus atenciones.

Aquí está, reluciente y precioso, mi premio:






Parte de las reglas del juego al recibir el premio es responder a una serie de preguntas. Paso a ello:


1- ¿Porqué decidiste hacer un blog?

Básicamente, para compartir experiencias y reflexiones. Hoy en día no se cose tanto como antes y los blogs de costura ofrecen un soporte inestimable a aquellas que carecemos de mujeres reales al alcance de la mano para aprender. En inglés hay muchísimo blog de costura, pero en español no tanto, así que pensé que podía ofrecer algo diferente. Tampoco es éste mi primer blog (¡es el cuarto!), pero es el que más alegrías me ha dado en menos tiempo.

2- ¿Qué te ha aportado hasta el momento?

Mucho más de lo que supuse en un principio. Conocer a mujeres fantásticas con las que la simpatía no sólo ha sido a nivel bloguero, sino también a nivel personal, ampliar mis conocimientos técnicos, descubrir nuevos patrones e ideas. El lado social de la costura sin duda da un empujón a la creatividad y eso me encanta.

3- ¿A quién admiras dentro de la blogosfera?

A mucha gente, citar sólo unas pocas no sería justo, así que digamos que un buen puñado de blogueras anglosajones, francesas y españolas. Lo bonito de todo esto es que la "culpa" de que yo me haya metido a costurera bloguera la tienen mujeres de casi todos los continentes, tanto muy conocidas en el gremio como gente que lleva poco tiempo. Eso me parece precioso.


4- Tres blogs que sean importantes para ti.

A fashionable stitch, Paunnet y Mimaramundopor citar tres blogs muy diferentes. En ellos encuentro inspiración y materia de reflexión, que son cosas clave para mi costura.


5- ¿Podrías dar un consejo bloguero?

Pues honestamente, no creo que sea la mejor bloguera del mundo para dar consejos. Necesito mejorar mis aptitudes fotográficas, que son básicas en cualquier blog, y crearme una imagen definitoria, mi asignatura pendiente. Pero creo que no sólo la presentación es importante, sin también un buen contenido, tener algo que ofrecer. Por manía personal, mi consejo va por ahí: en cuidar la expresión de lo que uno cuenta para hacerlo aún más atractivo. Una entrada bien redactada, sin errores sintácticos, con una buena ortografía, es crucial en cualquier blog.


6- Tres de tus aficiones.

Aparte de la costura, que en este caso no cuenta como afición, confieso que me gusta todo lo que tenga que ver con las letras (escribo desde los diecisiete años), la expresión gráfica (pinto y dibujo desde los quince) y el cine, que devoro sin medida.


7- Tu último libro leído.

Overdressed, de Elizabeth L. Cline. Un ensayo sobre los entresijos de la industria de la moda rápida que lo deja a uno con un amargo sabor de boca, aunque es de lectura amena y muy bien hilada.


8- Tu comida preferida.

Aquí no puedo responder una cosa sola. Como buena hija de belga, me chiflan las patatas fritas (especialmente las que prepara mi marido), los mejillones y la cerveza helada. Sin olvidar el chocolate, claro. Como hija de francesa, el queso, las crêpes y el pan con cualquier tipo de embutido. Y como nací en España, no puedo vivir sin gazpacho, tortilla de patatas ni croquetas. Aunque soy buena de boca y pocas cosas hay que no me gusten. Tengo debilidad por los pasteles de zanahoria y la bollería casera. Si es por comer, más vale sacarme una foto que invitarme al restaurante.


9- Una frase que te marque.

La que me hizo nombrar mi blog de una forma tan particular. Una cita del funambulista Karl Wallenda (el que murió en Puerto Rico en 1.978 en ejercicio de su profesión sin red): la vida es estar en el alambre, todo lo demás sólo es esperar. Uno se siente vivo haciendo lo que le gusta, lo demás es tiempo perdido y compás de espera. Como habréis podido adivinar, en mi caso lo que me da vida es la costura. Por eso mi hilo camina sobre un alambre, el de mi escasez de tiempo.

10- ¿De qué más te gusta escribir en tu blog?

Aprovecho cualquier pretexto para enlazar mi costura con mis otras aficiones: la música, el cine o los libros que leo. Muchas veces el "clic" que detona la creación de una prenda sale de las páginas de una novela, de la escena de una película o de una canción. Y como soy una cuentista sentimental, también aprovecho para relatar algo relacionado con mi vida. De eso va tener un blog, ¿no?, de ser absolutamente personal en lo que se cuenta y en la manera de hacerlo.


11- ¿Qué proyectos tienes en marcha para tu blog?

Tengo ganas de grabar algunos tutoriales en vídeo. Cosa con la que me pondré en cuanto mis problemillas de salud me lo permitan.



Y la segunda parte de recibir este premio es entregarlo yo a mi vez, a otros cinco blogs. Mi nominación va para:

Mari Cruz, de Dedal, aguja e hilo
Cristina, de Cosas de butterflies
Ángeles, de El taller de la costurera
Jobana, de Cosiendo nubes
Marian, de Lunares de colores


Y la tercera parte del premio, la batería de once preguntas que han de contestar mis nominadas:


1- ¿Porqué decidiste hacer un blog?

2- ¿Qué te ha aportado hasta ahora?

3- Cita tres blogs importantes para ti.

4- ¿De qué otros temas te gusta escribir en tu blog?

5- Cita tres libros que te hayan marcado

6- ¿En qué país te gustaría vivir (aparte del tuyo)?

7- ¿Qué otras aficiones tienes?

8- Una frase o cita que te defina o te haya marcado

9- ¿Cómo empezaste en la afición que ha motivado tu blog?

10- Cita tres películas favoritas.

11- ¿Viajar, cocinar o cantar? elige una y cuéntanos porqué.


Y esto es todo, amigos. No quiero cerrar esta entrada sin agradecerle a Mary Carmen la gentil atención de haberme nominado, que ni de broma creo merecer pero que me ha hecho muchísima ilusión y me ha animado lo que no sabe nadie.





martes, 28 de enero de 2014

Un trocito de pastel

Los anglosajones usan la expresión "piece of cake" cuando quieren referirse a algo fácil, que está chupado o es pan comido, por usar expresiones hispánicas similares.
En mi arsenal de patrones hay muchos de Cake Patterns. En septiembre pasado, al salir la colección Red Velvet, Steph sacó el patrón del bolso Red Velvet, que cuenta con un hermano pequeño gratuito en versión cartera.
En el sewalong del pasado noviembre aproveché para coser varios de estos pequeñines, que siempre son la solución al regalito perfecto para mujeres de cualquier edad. De hecho, de los 4 que muestro aquí, uno se fue para mi mamá, otro se convirtió en estuche de clase de mi hija mayor, y los otros dos se quedaron conmigo. Pueden usarse para guardar el maquillaje, los lápices de clase, el teléfono y las llaves y salir de casa ligera de equipaje...  como bolsito auxiliar dentro del enorme que solemos acarrear cada día al trabajo, tanto como carterita de mano por derecho propio, el red velvet brilla con luz propia. Es un trocito de pastel para el que siempre hay un huequecito.



Los cuatrillizos posando juntitos


Igual que en el vestido Red Velvet, que lleva un pliegue de tijera o un pliegue cuadrado a elección de la consumidora, en esta carterita de mano es posible elegir cómo será el pliegue central. Y para quien no tenga experiencia en la costura de bolsos/carteras y similares, este tipo de proyectos menudos son la forma ideal de adentrarse en ello con un poco menos de miedo a las cremalleras y los forros.

Debo decir que lo que más me gusta de este proyecto es que es perfecto para utilizar retales de cierta envergadura, como los que proceden de muestrarios, cestos retaleros de la mercería o sobran de proyectos mayores y no dan para casi nada. Y que es fácil y rápido de realizar, cosa interesante si nos vemos pilladas por el tiempo a la hora de hacer un regalito.

Como se puede ver, algunos llevan la tira de la muñeca y otros no. Resulta que para mi gusto particular la del patrón es muy pequeña y no permite que mi de por sí fina muñeca no pase por ella más que tras un rato de forcejeo. Así que en mi segunda carterita, la de lunares blancos sobre fondo azul, no la puse. Tampoco la uso, así que no es una gran pérdida...


El smartphone cabe perfectamente


Cremalleras coloridas al poder
El vichy procede de un muestrario de tejidos




Retales bien aprovechados




Un retal de sábana de Ikea para el estuche escolar de mi hija mayor


Y esta ha sido la mini entrada/merienda de hoy. Parece que me tragó la tierra en este comienzo de año, pero no. Me tragaron los virus. Aún estoy convaleciente de la gripe, que me ha dejado KO varios días, pero espero volver a coger el ritmo bloguero y costuril estos días, que echo mucho de menos (y necesito deseperadamente) coser un montón de cosas.

domingo, 5 de enero de 2014

Año nuevo, parches nuevos

Al fin vuelvo a la carga, después del parón obligatorio de las fiestas. A lo tonto a lo tonto, llevo un mes sin publicar nada, y prácticamente sin coser a lo grande, ya que desde el temporal de principios de diciembre lo único que he hecho ha sido costura pequeñita y a mano. Parchear, remendar calcetines, coser lacitos y botones sueltos, recuperar bajos que empiezan a ceder... Mi antiguo ordenador tampoco colaboraba demasiado, ya que a sus siete años la imposibilidad de actualizar el sistema operativo me estaba limitando mucho para publicar con una inversión decente de tiempo y  un razonable esfuerzo mental. Así que ahora con ordenador nuevo y más tiempo que en época festiva, cuando las comidas familiares y reuniones varias nos marcan el ritmo, retomo blog y costura.

Hoy os enseño un proyectito del pasado diciembre, unos parches decorativos y funcionales para alargar la vida útil de los pantalones (en este caso de mis hijas) o cualquier otra prenda. Todo el que tiene niños rondando por casa sabe que pasan mucho tiempo de rodillas, así que la parte de los pantalones que más sufre es justamente ésa. Las mamás observadoras detectamos primero un sospechoso adelgazamiento del tejido en esa zona. Luego, unos cuantos usos más tarde, una reveladora separación de las fibras, que son el preludio inmediato del tan temido agujero. A veces puedo intervenir pronto, antes de que haya agujero, pero otras, cuando el pantalón es de los preferidos e imprescindibles en la rotación semanal, no tengo otra alternativa que secuestrarlo y hacer una intervención rápida estilo comando. Lo que me obliga a esconderme o trabajar con la nariz de la pequeña interesada a centímetros de la aguja.
Al tratarse de parches que se van a ver sí o sí y que puede que tengan un tamaño importante, intento hacer algo bonito. Hoy en día existen multitud de parches adhesivos en el comercio. Un par de veces al año en el Lidl, por citar un ejemplo cercano, tienen parches adhesivos de Winnie the Pooh, Hello Kitty y otros personajes de dibujos animados de gusto infantil. También hay en Vertbaudet y en casi cualquier mercería de barrio, que nada tienen que ver con aquellos horrorosos parches ovalados de color liso que eran lo único disponible cuando servidora era pequeña. Pero para mí la lista de inconvenientes de estos parches es bastante larga:


  • No a todos niños les gustan; a una le puede tocar en suerte un hijo/a antisistema (o puede ser una misma una mamá antisistema) que no guste de los productos derivados del mercado audiovisual convencional. O que en la mercería de turno no tengan nada que guste a un pequeño cliente de ideas claras y definidas. O que el parche en cuestión no cuadre ni a tiros con el estilo de prenda, que sea demasiado historiado, grande, pequeño, escandaloso... (rellénese con lo que proceda en la línea de puntos).
  • No son aptos para todos los tejidos -dado que se aplican con plancha, no suelen ser aptos para tejidos con mezcla de fibras artificiales que no toleran mucho calor-.
  • Tienden a despegarse al primer o segundo lavado, lo que hace que haya que reforzarlos con costura manual, lo que a fin de cuentas duplica el trabajo.
  • No suelen tener una vida larga, especialmente lo que tienen zonas de tejido afelpado, que con el uso y los lavados hace bolitas, que adelgazan el tejido y dejan ver el de fondo.

Así que en esta ocasión decidí dar rienda suelta a los gustos de mis hijas para hacer parches cosidos que resistieran mejor aunque me dieran de entrada un poco más de trabajo. Empecé por los pantalones de chándal de la pequeña, de sudadera de algodón orgánico. Ya fueron usados a conciencia por su hermana mayor, así que más bien me extrañó que hubieran tardado tanto en asomar los agujeritos. Como está en la "fase corazón", llenando de corazones todos sus dibujos, le sugerí unos corazones para los parches, cosa que en principio pareció gustarle. Usé un retal de muletón rojo que me sobró de un jersey que me hice el año pasado y tracé los corazones. Para aplicarlos a la tela los presenté con alfileres y los cosí con un hilo de bordar perlé matizado, a juego con el color del tejido. La técnica está inspirada en el sashiko japonés, una técnica de refuerzo y remiendo decorativo usada por los campesinos de Japón desde el siglo XVIII, que me parece inspiradora y del que hice una versión libre y muy simple. Jugué un poco con la disposición del tono variable del hilo para crear el brillo tridimensional del objeto, que quedó muy bien. Pero... a Estela no le gustó. Protestó sonoramente y, gracias a una ocurrencia de su padre, que indicó que los corazones parecían fresas (su fruta preferida), busqué unos trocitos del jersey verde claro para hacer los rabitos de las frutas, que apliqué con la misma técnica pero en sentido horizontal. Ahora sí, el resultado quedó de su gusto. Y yo suspiré con manifiesto alivio.






Pero me quedaban los vaqueros de Celia. Y en la misma línea de su hermana, eligió unas manzanas, su fruta favorita. La diferencia en este caso era el tejido a reforzar, que me hizo elegir una tela de grosor y comportamiento similar al vaquero. Elegí una sarga verde de tacto terciopelo a la que le dimos forma con ayuda de una plantilla de dibujo. El tallo lo bordé con perlé liso marrón claro para que la conexión entre la fruta y la hoja fuera estética, y las manzanas y hojas se aplicaron igual que las fresas, con punto de hilván al tresbolillo de inspiración japonesa que le da al parche un relieve característico. 











El resultado les gustó a las dos, de modo que tiran de pantalón parcheado hasta para salir a dar una vuelta, como indica esta imagen de prueba. Y no me extraña, los pantalones decorados son mil veces y media más chulos que los normales, corrientes y molientes.






Para quien tenga ganas de experimentar haciendo parches cosidos (da igual la edad del destinatario de la prenda parcheada), os doy unas pequeñas sugerencias a tener en cuenta para que parche tenga una vida larga. 







Y si hablamos de frutas, a mí me viene a la cabeza Carmen Miranda y aquel maravilloso sombrero-frutero que lució en tantas películas. Hasta en una de ellas -The gang's all here de 1.943, dirigida por Busby Berkeley- interpretó una canción que versaba justamente sobre tan lucido y frutal accesorio, que es ésta que pongo hoy en honor de las fruteadas prendas de mis chicas. Porque ¿qué es la vida sin un poco de alegría (en el vestir o donde sea)?

Por lo demás, os deseo feliz y mágica noche de Reyes. Que la magia os acompañe todo el año.