lunes, 5 de marzo de 2018

Yona, mon amour

¿Es un abrigo enchaquetado o es una chaqueta abrigada? 



Lo cierto es que es una prenda que necesitaba muchísimo porque empezaba a quedarme corta de prendas de abrigo que me representen adecuadamente. 

Se trata del patrón Yona wrap coat de Named Patterns, un abrigo corto de manga raglan con cierre anudado y bolsillos de plastrón al que le apliqué unas pequeñas modificaciones:


  • En primer lugar, decidí ponerle un botón para cerrar el abrigo, ya que en el patrón hay espacio para ello. No soy una entusiasta del cierre anudado porque creo que le da un "look batín" que no me llama nada. 
  • También le hice un ojal de sastre porque un tejido de calidad merece un acabado de calidad. Lo cual me obligó a hacer artesanía: hice un ojal a mano en la vista delantera, justo a la altura del exterior, y lo fijé con puntadas invisibles para que permanecieran unidos.
  • Y la última modificación fue incluir bolsillos de sastre en diagonal. Los bolsillos de plastrón originales no me entusiasmaban demasiado así que me permití ser creativa.


En el patrón del delantero vienen marcas para tres botones (los círculos). 
A lápiz en horizontal, el emplazamiento del ojal.
Y en diagonal, el de los bolsillos.



Mi niño bonito


Y su hermano gemelo del interior




Usé un paño de lana que lleva comprado unos cuatro años y que me dio para todo excepto para las vistas de la solapa, que hice con un paño de lana a cuadros comprado este año. El forro del cuerpo es de nailon negro y el de los bolsillos es un retal de algodón estampado. Y el maravilloso botón de baquelita lo heredé de mi abuela: merecía un proyecto que le permitiese brillar en solitario.


¿Os suena de algo? (un retal de mi Lou box top)



Corté una talla 36 porque se trata de una prenda oversize de por sí y no quería que quedara demasiado enorme; he confeccionado otros patrones de estas diseñadoras y en algunos casos he tenido incluso que quitar tela. Named diseña para gente de talla 1,72, justo mi estatura, pero en este caso mis brazos de orangután ha salido a la superficie y resulta que las mangas me quedan cortas. Así que como no hice glasilla, no tengo derecho a quejarme. Es una prenda invernal, así que no la llevaré con mangas cortas y no iré enseñando el hueso de la muñeca como si tal cosa. Estéticamente no me resulta intolerable que me asomen las mangas del jersey, pero para una siguiente realización tengo que alargar las mangas. Aunque creo que la siguiente ocasión haré una talla 38 porque las chaquetas me gustan un pelín más holgadas, especialmente si son invernales y se llevan con varias capas de tejido debajo.



Aquí se ve que me falta un poco de manga


Cara de circunstancias, es difícil sacar una buena vista trasera sin ayuda



Sin embargo, estoy absolutamente feliz con el resultado. He podido estrenarla y disfrutarla cuando aún hace frío por la mañana y ya tengo una chaqueta estupenda para el próximo invierno. Pienso repetir la realización.

Y ahora os cuento los errores. Pese a que tuve en cuenta el margen de costura de la vista delantera, el ojal quedó muy cerca y al tratarse de un ojal de sastre que abulta más que uno que se hace a máquina, el delantero no queda impecable. En las fotos se aprecia que el tejido de la vista rueda hacia fuera. 
El otro fallo épico fue que el forro se rajó cuando estaba dando la vuelta a la chaqueta (nota mental: el nailon es delicado y el margen de 15 cm indicado en las instrucciones para abertura de vuelta es demasiado poco). Así que tuve que cerrar a mano un hueco bastante mayor que los 15cm iniciales, lo cual hizo que quedara mal, con un pliegue imprevisto.
No son fallos de importancia, no impiden la funcionalidad de la prenda y puedo convivir con ellos perfectamente. 


Y por supuesto, ya tiene mis pins para darle un poco más de carácter.


ENGLISH NOTE

This is my version of the Yona wrap coat pattern from Named. I cut a size 36 and added some modifications to the original pattern, like the bound buttonhole and the diagonal single welt pockets. I'm globally very satisfied with the final result, although the sleeves are a bit too short for my personal taste. Next time I'll probably make the next size because I prefer it to be a bit more roomy, but this version has become my personal favourite to choose in the mornings. 
I made the coat in a luscious grey wool fabric I bought four years ago, but I used a grey check wool for the front facing. I also used a black nylon fabric for the bodice lining and a scrap of cotton for the pocket lining. The black bakelite button was my grandma's and it was just waiting for a special project to shine on.
I made a couple of mistakes that don't make the coat less wearable, but they're here: the bound buttonhole is a bit chunky, so it pulls the front facing out, you can see it in the picture above. And the 15cm turning hole stated in the instructions was too short for turning: my lining teared out and had to mend and close a bigger hole. Finally I ended up with an accidental pleat in the lining. But no biggie. I still love it anyway and it'll get lots of wear.





miércoles, 13 de diciembre de 2017

Asuntos internos

Siempre me hizo gracia esa frase tan frecuente en las pelis de policías: "Hola, somos de asuntos internos". Y las caras de los polis a los que esa frase dejaba helados. Eran esa gente a la que nadie le hacía gracia ver: policías que se encargaban de resolver asuntos entre policías sin que nadie ni de fuera ni de dentro del cuerpo se enterara de los oscuros medios utilizados para tal fin.
Como la ropa interior. Se encarga de menesteres ingratos de los que nadie se da por enterado y, por mona que sea, pasa desapercibida. 

Tengo una hija de once años que ya lleva tallas de adulta y está casi tan alta como yo. Lo cual es un inconveniente para el asunto bragas, porque está en tierra de nadie. En su talla no vienen diseños bonitos como para gente de su edad y el corte de las bragas de señora suele ser demasiado escotado para su gusto, además de tener acabados demasiado sofisticados, poco aptos para el trote diario. Así que, ante la falta de oferta adecuada, me puse manos a la obra para buscar patrones que cumplan sus requerimientos, a saber: que cubran bien la nalga, no sean escotados de cadera y no sean demasiado altos de cintura. 

Encontré dos joyitas: las Arccos undies de Sophie Hines y las Nixie briefs de Jennifer Lauren -que, como agua de mayo, salieron a la venta justo la semana pasada-. Ambas cumplen con los requerimientos de la autora del encargo, pero las Nixie no cumplían con mis exigencias como costurera de lencería. Las bragas -por si en el público hay quien desconoce este detalle- llevan un protector interior para evitar manchas de humedad en la ropa. Es práctico y es necesario. Personalmente no me gusta nada que estén mal rematados, con un borde bien cosido pero el otro simplemente remallado y sólo cosido por los lados, o directamente aplicado y sobrecosido sin ningún cuidado, como ya he encontrado en prendas del comercio. Ya sabemos que los géneros de punto no se deshilachan, pero no hay que abusar de la ingenuidad de las compradoras, creo yo. 
Así que voy con una pequeña comparativa:

Nixie briefs (Jennifer Lauren)

A favor:
  • El aspecto deportivo y ligeramente retro de la prenda, pudiendo solapar el delantero o el trasero según apetezca, lo cual evita las molestas costuras laterales.
  • Que el patrón indica las longitudes de elástico para las piernas o la cintura, lo cual es una ayuda importante de cara a planificar las compras de suministros de lencería. 
  • Las instrucciones son claras y perfectamente explicadas, y sugieren detalles de acabado que me gustaron mucho, como la de añadir una costura de refuerzo al finalizar la costura de unión de los laterales.
En contra:
  • Que plantea remallar el borde frontal del protector y dejarlo libre en el frente, sólo atrapado por el bies elástico de los lados. Cosa que según mi experiencia dificulta la limpieza de la prenda y acorta su vida útil, porque al estar suelto tiende a desbararse con facilidad. Imagino que por no desanimar a quienes se inician en el arte de coser bragas, no plantea la costura "canónica" del protector para que quede totalmente oculto, pero en mi opinión es un error. Única pega de un patrón que, por lo demás, está muy bien planteado.

El segundo par, con el pequeño vuelto cosido a zigzag

El quinto par, ya con el patrón modificado (insertar suspiro de satisfacción).




Mis modificaciones:
  • En la primera realización del patrón, lo cosí con una puntada zigzag al frente de la braguita porque me negaba a dejarlo suelto. En las dos siguientes, doblé el margen superior 5mm y lo cosí como había hecho la primera vez. Pero a partir de la cuarta versión modifiqué el patrón: corté la parte correspondiente al protector dos veces, una en forro y otra en tejido exterior, y quité del frente de la braguita la parte correspondiente al protector dejando un margen de costura de 5mm para solaparlo con esa pieza. 
  • Tuve que modificar la longitud de elástico de las piernas, ya que con un bies elástico de textura firme como el blanco a mi clienta le quedaba demasiado ajustado, así que añadí un centímetro más del indicado. Con el negro, más flojito, bastaba con la cantidad planteada.

Arccos undies (Sophie Hines)




Un bies de Minnie siempre le da otra alegría


 A favor:
  • Me encanta que no tenga costuras laterales que se puedan clavar en la cadera. El diseño de talle bajo cubre bien el trasero.
  • Las clarísimas instrucciones sobre cómo montar la braguita de una sola vez, dejando ocultas ambas costuras del protector y los trucos sobre cómo montar mejor el bies. Vale la pena comprarlo sólo por esos dos momentos de epifanía mental, especialmente si no se tiene experiencia anterior en costura de lencería.
  • Este patrón también indica las cantidades de elástico necesarias para piernas o cintura. 
En contra:
  •  El ajuste es quizás un poco demasiado ajustado para el gusto de mi clienta, a pesar de que corté la talla que llevaba en función de sus medidas y usé un tejido con la elasticidad suficiente (algodón/elastano). Tendré que probar con la siguiente talla a ver qué tal le sienta. De momento le gustan más las Nixie, por eso sólo hay una de este modelo.

Utilicé bies elástico, pero con ambos patrones puede utilizarse elástico de lencería, con puntilla, o tira de encaje elástico. El procedimiento varía un pelín, pero está indicado en ambos patrones. En todos los modelos utilicé retales de tela de camiseta de algodón con elastano; la costura de lencería es una manera excelente de dar salida a esos retales ni grandes ni pequeños que se van juntando. Y aún no he terminado de renovar el cajón de interiores de mi chica, pero de aquí a Navidad la dejo surtida con lunares de todo tipo.




Y ahora, como postre, el relato de una pifia que me da mucha lástima porque éstas quedaron verdaderamente bonitas. Eran para mi hija pequeña, 8 años, que es flaquita y tiene los mismos gustos que su hermana: le gustan cubrientes y que no se muevan. Reutilicé un pijama de verano de Hello Kitty de talla 6 años que usó hasta el verano pasado para sacar dos braguitas estupendas, pero no tuve en cuenta que las bragas que le cosí en verano (el modelo verde claro que se ve a la izquierda en las fotos) ya le quedaban justas. Son las Little fishies undies de Fishsticks Designs (compré el patrón hace años y según parece su tienda ya no está activa, pero se puede comprar todavía a través de Kollabora). Le hice la misma modificación que al Nixie, así que el protector está totalmente oculto.
Las pensaba sortear aquí mismo, pero he desistido en vista de que no hay interés. Si alguien las quiere (solo envíos a territorio español) las guardaré hasta Reyes. Luego me desharé de ellas, con todo el dolor de mi corazón.


La vista trasera es de lo más simpático

Vista frontal

Y esto fue lo que quedó del pijama, casi nada



jueves, 30 de noviembre de 2017

El espíritu del hogar


Hay costuras que no aparentan. Que no son lo suficientemente glamourosas como para lucirlas en redes sociales o presumir de ellas con los compañeros del trabajo. Pero como dicen en mi tierra: "resuelven". Solucionan pequeñas necesidades cotidianas y ocultas por la rutina, nos hacen la vida más fácil. Hoy es el día de reconocer a esos héroes anónimos que cosemos por necesidad, pero usamos casi más que los proyectos chulos que tanto nos gusta lucir en Instagram. Una de las cosas que más me gustan de estos proyectitos es que me dan la posibilidad de reutilizar tejidos, de reconvertir materiales usados en algo aún aprovechable. Y aunque no plantean grandes dificultades técnicas (difícilmente hay algo más complicado que una costura recta) se hacen rápido y bien.

Como el papel de cocina lavable que hice allá por el 2.012 y que aún vive, ya descolorido por los lavados frecuentes a 60º. Reutilicé unos pañales cuadrados de rizo de algodón orgánico que usé con las niñas y una franela a la que no había dado un destino claro. Corté cuadrados del tamaño de un trozo ordinario de papel de cocina, los uní con la remalladora y puse broches de resina en las esquinas para poder engancharlos entre sí y almacenarlos en forma de rollo. Quien necesite un tutorial puede mirar éste.





El rollito se puede poner en el mismo soporte que el papel de cocina desechable


O las toallitas de tela, con una cara de franela estampada y otra de rizo de algodón orgánico (procedente de aquellos antiguos pañales cuadrados) que se usan en casa desde que mis hijas eran bebés. Siempre preferí alternativas lavables a lo desechable y tengo que reconocer que el trote que se llevan es impresionante. Estas las hice este año después de que murieran definitivamente las que había comprado cuando nació mi hija mayor. Las de la segunda foto están hechas con dos toallitas ImseVimse cosidas juntas, porque usadas individualmente eran demasiado finas. Combinadas funcionan mucho mejor y al ser del mismo tamaño ambas caras, con una pasada por la remalladora quedan de cine.


Las toallitas ImseVimse



O la funda de sofá que hice reutilizando las franela de algodón de una vieja funda de edredón nórdico. La abrí en dos, le cosí un vuelto sencillo todo alrededor y ahora es la protectora de mi (enorme y desvencijado) sofá, que con perrita y dos niñas en la familia ha conocido tiempos mejores. La guinda del pastel: que además está en la misma gama cromática y no desentona.





Y uno de mis proyectos de este año de los que estoy más orgullosa: las camitas (2, eran 2) que le hice a mi perrita reciclando los correspondientes jerséis viejos de mi marido. Esas adquisiciones de outlet que son puro poliéster y que por 6€ la pieza no resisten más de un invierno, con un poco de miraguano (relleno para cojines de fibra hueca de poliéster) y un ratito de costura manual con hilo de lana se convierten en una pequeña maravilla de la que mi pequeña canina no se despega cuando hace frío. Usé este tutorial para inspirarme. Lo buenísimo de este proyecto es que la camita entera va a la lavadora y no tarda nada en secarse. 

Sin relleno

Con relleno
Y es que los proyectos domésticos no lucirán, pero el uso que se les da compensa ese barniz grisáceo que tienen aquellas cosas que se cosen por necesidad y en las que es difícil reparar en los trajines del día a día. 

miércoles, 28 de junio de 2017

Los vestidos que (se) fueron: una comparativa (in)voluntaria.

Mi costura egoísta reciente ha pasado por descabezar (literalmente) algunos de mis proyectos pretéritos para adaptarlos a mi gusto actual. 
Como el Staple Dress de April Rhodes que ya no quiero usar como vestido, pero que sin la parte de la falda y sin fruncido en la cintura se convierte en una parte de arriba de las que puedo soportar ponerme. Es holgada, el escote tiene una ligera forma de barco y es perfectamente combinable con todos mis pantalones y mis adorados chalecos.
El Staple dress lo tenía cortado en un precioso vichy de algodón marrón y blanco desde la primavera de 2.015, pero sólo le había cosido los bolsillos. Así que se los descosí, corté a la altura de la cadera y lo armé en formato top. Las instrucciones recomiendan unas preciosas costuras francesas que dejan el interior inmaculado y que me encantó hacer; fue un verdadero placer coserlo. 




Iba a ser un vestido y se quedó en...


...una camisa suelta


No es totalmente recto como el Lou, hay una diferencia de 1cm entre cintura y cadera. 
Cosa que personalmente no me gusta pero que resuelvo usando chaleco por encima.




Voilá. Aquí con los pantalones Holly de ByHandLondon



Me encanta este cuello. Está rematado con una tira al bies del propio tejido.



Mi otro proyecto descabezado es mi vestido Red Velvet de Cake Patterns, del que hablé extensamente  aquí cuando lo cosí. Lo usé como vestido el otoño-invierno de 2.013-14. Luego purgué mi armario varias veces para intentar capear mi disforia creciente de la mejor manera, pero lo guardé para reutilizar la tela: un interlock de merino rojo maravilloso -grueso, suave y amoroso- que me daba una pena horrorosa regalar. Y ahí quedó hasta que descubrí el patrón del Lou Box Top, de SewDIY. Un top de corte cuadrado, suelto, con la posibilidad de hacerle el escote a la caja, mi favorito cuando se trata de prendas de corte "femenino". Así que descosí la falda y corté el delantero y el trasero sin usar la pieza de la parte inferior (que en este patrón viene por separado de la del cuerpo, para poder adaptar mejor la prenda a cualquiera de las seis versiones posibles), dejando el vuelto sin tocar para respetar el proceso artesano con el que terminé el -en su día- vestido: con una puntada de escapulario impecable de la que mis maestras del colegio estarían orgullosas.




Lou Box Top, bajo recto y sin bolsillo.


En este Lou tampoco puse bolsillo porque este tejido es demasiado grueso y no quedaba bien -aunque quiero que conste en acta que ese bolsillito cuadrado me encanta-; en mi primera versión tampoco se lo puse porque el estampado del tejido que usé no llevaba bien una superposición. Creo que el bajo recto cuadra muy bien con la mayoría de mis pantalones; en esta reencarnación recibirá más uso y amor que mi pobre "Bloody Mary dress" que sólo tuvo un invierno de cariño y nada más.



Aquí en proceso de confección.


Ese vuelto enteramente hecho a manita con puntada de escapulario...


El cuello queda fantástico. Con el merino de este grosor es un gustazo trabajar.


Red Lou, red sneakers.



Debo decir que los encuentro francamente parecidos estéticamente, la parte superior del Staple Dress y el Lou Box Top. Es más suelto el segundo porque es ligeramente más ancho y la manga cae un poco más abajo -cosa que agradezco ya que no me gusta lucir bíceps-. Debo decir que el Lou quedó un poco más arriba de lo que hubiera quedado usando las correspondientes piezas del bajo (el recto, en este caso, son las que hubiera utilizado). Pero quise reutilizar mi trabajo anterior, del que me siento particularmente orgullosa. Así que por eso es un pelo más corto de lo que debería.




Staple. Medidas: 54 alto x 48 ancho
Lou. Medidas: 49 alto x 59 ancho

Lo mejor: ninguno de los dos tiene pinzas, lo cual lo hace ideal para gente como yo, con poco pecho y deseando ocultarlo.

Lo peor: el escote y la manga del Staple, con los que enseño más de lo que me gusta.

¿Habrá próxima vez? Repetiré el Lou seguro. Y con bolsillo, que me he quedado con pena de no habérselo podido poner a ninguna de mis dos versiones.

La lección aprendida es que me gustan los vestidos rojos, pero en otras mujeres. A mí de momento no me apetece usarlos, prefiero oír esta bonita canción de Magic! ¡Hasta pronto!











jueves, 22 de junio de 2017

Lou vs. Lou

El título de mi entrada se inspira en la película Kramer vs. Kramer (Robert Benton, 1.979), en la que un matrimonio litigaba por la custodia del hijo en común y en el que -en un momento dado- se hacía una reflexión interesante sobre las cualidades necesarias para criar un hijo culturalmente asociadas al género. 




Mi expresión de género es diversa. Y fluctúa entre las polaridades clásicas. La mayoría del tiempo tengo aspecto masculino, pero a veces bascula hacia lo femenino. Me pasa como en la película, reflexiono acerca de ambos conceptos (masculino/femenino) y cómo los empleo a nivel social para obtener mayor confort. 
A veces aparecen proyectos que consiguen que me apetezca llevar alguna prenda más femenina de lo que suelo habitualmente y por femenino entiéndase algo que no sean camisas de cuadros o camisetas con lemas deportivos. En ellas llevo viviendo un par de años y a veces debo reconocer que aburren un poco. Llega a ser muy monótona la ropa de estilo masculino, sobre todo en verano si uno no es fan de camisas hawaianas o camisetas de tirantes para lucir bíceps.
Por casualidad me topé con el patrón Lou de Sew DIY y pensé que por la holgura que tiene podría ser buena idea probar. Además, ¿quién puede resistirse a un patrón honónimo? (poderoso argumento donde los haya). Así que sin ningún recato hice la prueba:




Me gusta el cuello subido (opción "crewneck") y que admite realización tanto en tejido elástico como en tela plana. El popelín de esqueletos mexicanos lo conseguí hace dos años en mi tienda habitual de tejidos y no tiene mucha caída, justo lo contrario de lo que se recomienda para este diseño. Pero a mí me gusta bastante el resultado del popelín de algodón, que se mantiene lejos del cuerpo. Perfecto para mi aversión a la ropa ajustada y a que se me marque el pecho, algo que me causa bastante disforia. Para este modelo corté la talla S-XS.




Este diseño viene con dos opciones de cuello ("Crew neck", el más subido, y "Scoop neck", el escote clásico redondeado que baja un poco más) y tres de bajo (el bajo recto -straight hem-, el trasero mucho más largo que el delantero -dip hem- y el bajo redondeado -curved hem-). Esta versión es la de bajo redondeado con aberturas laterales.  



Una cosa que me llamó la atención de las instrucciones es que recomienda rematar los bordes de la tela antes de armar la prenda, detalle tomado de la confección industrial que hace un poco más rápido el proceso.




El botón es de recuperación, de la miríada de botones de repuesto que han llegado a casa cosidos a una etiqueta, que recorto religiosamente para que no molesten y que me resisto a tirar porque sé que puedo darles uso. Esta opción de cuello en tela plana lleva botón porque en teoría no pasa por la cabeza cuando está abrochado, pero en mi caso sí que pasa sin desabrochar; será que no soy tan cabezona como yo creía ;-)




No pude casar perfectamente la espalda porque con un metro de tela que tenía me dio justito, pero al final quedó simpático. Me encanta la inspiración mexicana y llevar puesta una panda de esqueletos felices. 
Obviamente tampoco pude resistirme a probar la versión de punto, pero de esa ya hablaré próximamente. 


miércoles, 22 de junio de 2016

Cómo tunear una camiseta. Episodio uno.

Estamos en racha de confesiones estéticas, mi estimado público: hoy traigo a colación que tengo una larga y fructífera historia de amor con las camisetas. Las considero, tras la rueda y la copa menstrual, de lo mejorcito que ha inventado la humanidad. Desde la adolescencia las idolatro, porque me permitían esconder las formas femeninas cuando no quería mostrarlas. O sea, casi siempre. Solían ser camisetas oversize, de chico o un par de tallas más grandes que la mía habitual, lo cual explicaría mi actual querencia por las camisetas masculinas, que ya no disimulo.
Y por otro lado, lo reconozco. Soy una gamberra de tomo y lomo, no puedo seguir ocultándolo más. Me encanta toquetear cosas y cambiarlas, dejar mi huella, que se note que he pasado por ahí. No voy dejando las paredes llenas de pintadas por aquello de no dar mal ejemplo a mi progenie, pero casi.
En esta ocasión os presento una bonita camiseta tuneada. No es un proyecto de costura pero es de personalización que incluye tinte y bordado, ¿os vale? Pues nos ponemos manos a la obra.
Érase una vez una inocente camiseta, blanca y pura como la nieve recién caída, tal que así: 



Imagen propiedad de la marca Gamberro -serie limitada 2.015- (Facebook)

Decidí que una cosita tan inocente y algodonosa no podía quedarse así y recordé un pack para teñir con índigo que había comprado hacía un par de años y que guardaba celosamente para algo pequeño, pero molón. Bueno, tan pequeño no es, que es una talla S de hombre -menos ceñida que el modelo para chica-. Así que me puse manos a la obra e hice mi primer tinte con índigo. Debo decir que la peste de las reacciones es tremebunda, pero merece la pena ver cómo la química hace su trabajo. El último paso, sacar la camiseta del baño de tinte y colgarla para que oscurezca durante un rato, es mágico.



El baño tiene mala pinta y huele aún peor.
Cuando está dentro, la camiseta es amarillenta



Aquí al final de la media hora de oxidación



En el bajo se ve la pequeña parte que aún no ha reaccionado


Luego quise seguir haciéndole cosas, porque soy una insaciable de la peor especie. Siempre pensé que el logo se presta a hacerle un relleno, así que usé pintura textil de efecto 3D en la hoja y en la rosa, como si fuera un dibujo a colorear. Y usé glitter plata para rellenar los brillos de las letras. Todo lo que usé es de la marca de Lidl, CreaBox. Para terminar, quise bordarle un par de detalles: la empuñadura de la daga, en gris, la punta mojada en sangre, de mi absoluta cosecha, y le cosí tres pequeños botones en forma de flor, como poéticas gotitas de sangre (así es mi curioso concepto de la poesía, muy gore).



Los detallitos, de cerca



El tinte no quedó uniforme, pero me encanta así; 
las marcas de la espalda parecen arañazos 
(mi concepto torturado de la poesía de nuevo a la carga)



Y así quedó: nada que ver con la blancura del comienzo. En las últimas fotos se aprecia el color real del índigo.






En uso, como hay que disfrutar las cosas