jueves, 30 de noviembre de 2017

El espíritu del hogar


Hay costuras que no aparentan. Que no son lo suficientemente glamourosas como para lucirlas en redes sociales o presumir de ellas con los compañeros del trabajo. Pero como dicen en mi tierra: "resuelven". Solucionan pequeñas necesidades cotidianas y ocultas por la rutina, nos hacen la vida más fácil. Hoy es el día de reconocer a esos héroes anónimos que cosemos por necesidad, pero usamos casi más que los proyectos chulos que tanto nos gusta lucir en Instagram. Una de las cosas que más me gustan de estos proyectitos es que me dan la posibilidad de reutilizar tejidos, de reconvertir materiales usados en algo aún aprovechable. Y aunque no plantean grandes dificultades técnicas (difícilmente hay algo más complicado que una costura recta) se hacen rápido y bien.

Como el papel de cocina lavable que hice allá por el 2.012 y que aún vive, ya descolorido por los lavados frecuentes a 60º. Reutilicé unos pañales cuadrados de rizo de algodón orgánico que usé con las niñas y una franela a la que no había dado un destino claro. Corté cuadrados del tamaño de un trozo ordinario de papel de cocina, los uní con la remalladora y puse broches de resina en las esquinas para poder engancharlos entre sí y almacenarlos en forma de rollo. Quien necesite un tutorial puede mirar éste.





El rollito se puede poner en el mismo soporte que el papel de cocina desechable


O las toallitas de tela, con una cara de franela estampada y otra de rizo de algodón orgánico (procedente de aquellos antiguos pañales cuadrados) que se usan en casa desde que mis hijas eran bebés. Siempre preferí alternativas lavables a lo desechable y tengo que reconocer que el trote que se llevan es impresionante. Estas las hice este año después de que murieran definitivamente las que había comprado cuando nació mi hija mayor. Las de la segunda foto están hechas con dos toallitas ImseVimse cosidas juntas, porque usadas individualmente eran demasiado finas. Combinadas funcionan mucho mejor y al ser del mismo tamaño ambas caras, con una pasada por la remalladora quedan de cine.


Las toallitas ImseVimse



O la funda de sofá que hice reutilizando las franela de algodón de una vieja funda de edredón nórdico. La abrí en dos, le cosí un vuelto sencillo todo alrededor y ahora es la protectora de mi (enorme y desvencijado) sofá, que con perrita y dos niñas en la familia ha conocido tiempos mejores. La guinda del pastel: que además está en la misma gama cromática y no desentona.





Y uno de mis proyectos de este año de los que estoy más orgullosa: las camitas (2, eran 2) que le hice a mi perrita reciclando los correspondientes jerséis viejos de mi marido. Esas adquisiciones de outlet que son puro poliéster y que por 6€ la pieza no resisten más de un invierno, con un poco de miraguano (relleno para cojines de fibra hueca de poliéster) y un ratito de costura manual con hilo de lana se convierten en una pequeña maravilla de la que mi pequeña canina no se despega cuando hace frío. Usé este tutorial para inspirarme. Lo buenísimo de este proyecto es que la camita entera va a la lavadora y no tarda nada en secarse. 

Sin relleno

Con relleno
Y es que los proyectos domésticos no lucirán, pero el uso que se les da compensa ese barniz grisáceo que tienen aquellas cosas que se cosen por necesidad y en las que es difícil reparar en los trajines del día a día. 

miércoles, 28 de junio de 2017

Los vestidos que (se) fueron: una comparativa (in)voluntaria.

Mi costura egoísta reciente ha pasado por descabezar (literalmente) algunos de mis proyectos pretéritos para adaptarlos a mi gusto actual. 
Como el Staple Dress de April Rhodes que ya no quiero usar como vestido, pero que sin la parte de la falda y sin fruncido en la cintura se convierte en una parte de arriba de las que puedo soportar ponerme. Es holgada, el escote tiene una ligera forma de barco y es perfectamente combinable con todos mis pantalones y mis adorados chalecos.
El Staple dress lo tenía cortado en un precioso vichy de algodón marrón y blanco desde la primavera de 2.015, pero sólo le había cosido los bolsillos. Así que se los descosí, corté a la altura de la cadera y lo armé en formato top. Las instrucciones recomiendan unas preciosas costuras francesas que dejan el interior inmaculado y que me encantó hacer; fue un verdadero placer coserlo. 




Iba a ser un vestido y se quedó en...


...una camisa suelta


No es totalmente recto como el Lou, hay una diferencia de 1cm entre cintura y cadera. 
Cosa que personalmente no me gusta pero que resuelvo usando chaleco por encima.




Voilá. Aquí con los pantalones Holly de ByHandLondon



Me encanta este cuello. Está rematado con una tira al bies del propio tejido.



Mi otro proyecto descabezado es mi vestido Red Velvet de Cake Patterns, del que hablé extensamente  aquí cuando lo cosí. Lo usé como vestido el otoño-invierno de 2.013-14. Luego purgué mi armario varias veces para intentar capear mi disforia creciente de la mejor manera, pero lo guardé para reutilizar la tela: un interlock de merino rojo maravilloso -grueso, suave y amoroso- que me daba una pena horrorosa regalar. Y ahí quedó hasta que descubrí el patrón del Lou Box Top, de SewDIY. Un top de corte cuadrado, suelto, con la posibilidad de hacerle el escote a la caja, mi favorito cuando se trata de prendas de corte "femenino". Así que descosí la falda y corté el delantero y el trasero sin usar la pieza de la parte inferior (que en este patrón viene por separado de la del cuerpo, para poder adaptar mejor la prenda a cualquiera de las seis versiones posibles), dejando el vuelto sin tocar para respetar el proceso artesano con el que terminé el -en su día- vestido: con una puntada de escapulario impecable de la que mis maestras del colegio estarían orgullosas.




Lou Box Top, bajo recto y sin bolsillo.


En este Lou tampoco puse bolsillo porque este tejido es demasiado grueso y no quedaba bien -aunque quiero que conste en acta que ese bolsillito cuadrado me encanta-; en mi primera versión tampoco se lo puse porque el estampado del tejido que usé no llevaba bien una superposición. Creo que el bajo recto cuadra muy bien con la mayoría de mis pantalones; en esta reencarnación recibirá más uso y amor que mi pobre "Bloody Mary dress" que sólo tuvo un invierno de cariño y nada más.



Aquí en proceso de confección.


Ese vuelto enteramente hecho a manita con puntada de escapulario...


El cuello queda fantástico. Con el merino de este grosor es un gustazo trabajar.


Red Lou, red sneakers.



Debo decir que los encuentro francamente parecidos estéticamente, la parte superior del Staple Dress y el Lou Box Top. Es más suelto el segundo porque es ligeramente más ancho y la manga cae un poco más abajo -cosa que agradezco ya que no me gusta lucir bíceps-. Debo decir que el Lou quedó un poco más arriba de lo que hubiera quedado usando las correspondientes piezas del bajo (el recto, en este caso, son las que hubiera utilizado). Pero quise reutilizar mi trabajo anterior, del que me siento particularmente orgullosa. Así que por eso es un pelo más corto de lo que debería.




Staple. Medidas: 54 alto x 48 ancho
Lou. Medidas: 49 alto x 59 ancho

Lo mejor: ninguno de los dos tiene pinzas, lo cual lo hace ideal para gente como yo, con poco pecho y deseando ocultarlo.

Lo peor: el escote y la manga del Staple, con los que enseño más de lo que me gusta.

¿Habrá próxima vez? Repetiré el Lou seguro. Y con bolsillo, que me he quedado con pena de no habérselo podido poner a ninguna de mis dos versiones.

La lección aprendida es que me gustan los vestidos rojos, pero en otras mujeres. A mí de momento no me apetece usarlos, prefiero oír esta bonita canción de Magic! ¡Hasta pronto!











jueves, 22 de junio de 2017

Lou vs. Lou

El título de mi entrada se inspira en la película Kramer vs. Kramer (Robert Benton, 1.979), en la que un matrimonio litigaba por la custodia del hijo en común y en el que -en un momento dado- se hacía una reflexión interesante sobre las cualidades necesarias para criar un hijo culturalmente asociadas al género. 




Mi expresión de género es diversa. Y fluctúa entre las polaridades clásicas. La mayoría del tiempo tengo aspecto masculino, pero a veces bascula hacia lo femenino. Me pasa como en la película, reflexiono acerca de ambos conceptos (masculino/femenino) y cómo los empleo a nivel social para obtener mayor confort. 
A veces aparecen proyectos que consiguen que me apetezca llevar alguna prenda más femenina de lo que suelo habitualmente y por femenino entiéndase algo que no sean camisas de cuadros o camisetas con lemas deportivos. En ellas llevo viviendo un par de años y a veces debo reconocer que aburren un poco. Llega a ser muy monótona la ropa de estilo masculino, sobre todo en verano si uno no es fan de camisas hawaianas o camisetas de tirantes para lucir bíceps.
Por casualidad me topé con el patrón Lou de Sew DIY y pensé que por la holgura que tiene podría ser buena idea probar. Además, ¿quién puede resistirse a un patrón honónimo? (poderoso argumento donde los haya). Así que sin ningún recato hice la prueba:




Me gusta el cuello subido (opción "crewneck") y que admite realización tanto en tejido elástico como en tela plana. El popelín de esqueletos mexicanos lo conseguí hace dos años en mi tienda habitual de tejidos y no tiene mucha caída, justo lo contrario de lo que se recomienda para este diseño. Pero a mí me gusta bastante el resultado del popelín de algodón, que se mantiene lejos del cuerpo. Perfecto para mi aversión a la ropa ajustada y a que se me marque el pecho, algo que me causa bastante disforia. Para este modelo corté la talla S-XS.




Este diseño viene con dos opciones de cuello ("Crew neck", el más subido, y "Scoop neck", el escote clásico redondeado que baja un poco más) y tres de bajo (el bajo recto -straight hem-, el trasero mucho más largo que el delantero -dip hem- y el bajo redondeado -curved hem-). Esta versión es la de bajo redondeado con aberturas laterales.  



Una cosa que me llamó la atención de las instrucciones es que recomienda rematar los bordes de la tela antes de armar la prenda, detalle tomado de la confección industrial que hace un poco más rápido el proceso.




El botón es de recuperación, de la miríada de botones de repuesto que han llegado a casa cosidos a una etiqueta, que recorto religiosamente para que no molesten y que me resisto a tirar porque sé que puedo darles uso. Esta opción de cuello en tela plana lleva botón porque en teoría no pasa por la cabeza cuando está abrochado, pero en mi caso sí que pasa sin desabrochar; será que no soy tan cabezona como yo creía ;-)




No pude casar perfectamente la espalda porque con un metro de tela que tenía me dio justito, pero al final quedó simpático. Me encanta la inspiración mexicana y llevar puesta una panda de esqueletos felices. 
Obviamente tampoco pude resistirme a probar la versión de punto, pero de esa ya hablaré próximamente. 


miércoles, 22 de junio de 2016

Cómo tunear una camiseta. Episodio uno.

Estamos en racha de confesiones estéticas, mi estimado público: hoy traigo a colación que tengo una larga y fructífera historia de amor con las camisetas. Las considero, tras la rueda y la copa menstrual, de lo mejorcito que ha inventado la humanidad. Desde la adolescencia las idolatro, porque me permitían esconder las formas femeninas cuando no quería mostrarlas. O sea, casi siempre. Solían ser camisetas oversize, de chico o un par de tallas más grandes que la mía habitual, lo cual explicaría mi actual querencia por las camisetas masculinas, que ya no disimulo.
Y por otro lado, lo reconozco. Soy una gamberra de tomo y lomo, no puedo seguir ocultándolo más. Me encanta toquetear cosas y cambiarlas, dejar mi huella, que se note que he pasado por ahí. No voy dejando las paredes llenas de pintadas por aquello de no dar mal ejemplo a mi progenie, pero casi.
En esta ocasión os presento una bonita camiseta tuneada. No es un proyecto de costura pero es de personalización que incluye tinte y bordado, ¿os vale? Pues nos ponemos manos a la obra.
Érase una vez una inocente camiseta, blanca y pura como la nieve recién caída, tal que así: 



Imagen propiedad de la marca Gamberro -serie limitada 2.015- (Facebook)

Decidí que una cosita tan inocente y algodonosa no podía quedarse así y recordé un pack para teñir con índigo que había comprado hacía un par de años y que guardaba celosamente para algo pequeño, pero molón. Bueno, tan pequeño no es, que es una talla S de hombre -menos ceñida que el modelo para chica-. Así que me puse manos a la obra e hice mi primer tinte con índigo. Debo decir que la peste de las reacciones es tremebunda, pero merece la pena ver cómo la química hace su trabajo. El último paso, sacar la camiseta del baño de tinte y colgarla para que oscurezca durante un rato, es mágico.



El baño tiene mala pinta y huele aún peor.
Cuando está dentro, la camiseta es amarillenta



Aquí al final de la media hora de oxidación



En el bajo se ve la pequeña parte que aún no ha reaccionado


Luego quise seguir haciéndole cosas, porque soy una insaciable de la peor especie. Siempre pensé que el logo se presta a hacerle un relleno, así que usé pintura textil de efecto 3D en la hoja y en la rosa, como si fuera un dibujo a colorear. Y usé glitter plata para rellenar los brillos de las letras. Todo lo que usé es de la marca de Lidl, CreaBox. Para terminar, quise bordarle un par de detalles: la empuñadura de la daga, en gris, la punta mojada en sangre, de mi absoluta cosecha, y le cosí tres pequeños botones en forma de flor, como poéticas gotitas de sangre (así es mi curioso concepto de la poesía, muy gore).



Los detallitos, de cerca



El tinte no quedó uniforme, pero me encanta así; 
las marcas de la espalda parecen arañazos 
(mi concepto torturado de la poesía de nuevo a la carga)



Y así quedó: nada que ver con la blancura del comienzo. En las últimas fotos se aprecia el color real del índigo.






En uso, como hay que disfrutar las cosas


lunes, 13 de junio de 2016

Saliendo del armario

Una larga temporada sin publicar ni coser tienen sus motivos. Necesidad de un descanso, de cerrar por un tiempo esta ventanita que la costurera funámbula abrió al mundo en un momento dado, para abrirse a sí misma en un paréntesis gigante. A veces la necesidad llega sin avisar, de golpe. Un buen día uno cobra conciencia de que hay cosas que es necesario contar a los seres queridos. Y que no hay mejor idea que abrazar lo que uno es.
No deja de tener gracia que, dada mi afición/obsesión por organizar armarios, haya vivido en uno -virtual, eso sí- durante más de veinte años. Así que ya es hora de romper la puerta, sacudirme las telarañas y salir, de una buena vez. Soy bisexual. Callarlo ha sido una de las peores cosas que he hecho en mi vida, no tanto porque he defraudado la confianza de quienes me quieren y merecían saber esto de mi, sino porque mi propio miedo me ha hecho un daño terrible al enredarme sola en una espiral de automutilación mental y emocional muy peligrosa. Tomen nota: la falta de autoaceptación es la mejor receta para la infelicidad.
El otro aspecto de mi que llevo demasiado tiempo disimulando es mi identidad de género. Vivo en un cuerpo de sexo femenino, pero nunca me he sentido mujer. Debo decir que tampoco me siento hombre, para quien tenga esa duda metafísica. Tengo una identidad de género no binaria: soy agénero. Me he obligado a mi misma a vestir de forma femenina durante demasiado tiempo para evitar preguntas, prejuicios y miradas reprobatorias. Pero en la vida de toda persona llega un punto en el que ya no se puede más, en el que el reflejo que devuelve el espejo es una distorsión de lo que uno siente que es, lo cual desde luego no es un hecho mentalmente sano ni moralmente aceptable. Salir a la calle cada día de pésimo humor para interpretar un papel que no cuadra no es el mejor plan para el resto de la vida, ¿no creen?
Si me tuviera que resumir en una frase, diría que soy una persona a la que le gustan las personas. Tan simple como eso. Tan complicado como eso. Uso todos los pronombres, preferentemente los femeninos (a pesar de los pesares, le tengo cariño a la identidad que me ha resguardado tanto tiempo), pero también los masculinos y los neutros, dependiendo de las circunstancias, mi humor, etcétera.
Y si cuento esto aquí es porque mi cambio físico ha sido notorio y se verá en las fotos; quien avisa no es traidor, dicen. Mi expresión de género (mi aspecto, dicho en plata) es mucho más andrógina que antes y obviamente, los proyectos de costura a los que les doy vueltas ahora son distintos. En la transición hacia mi verdadero yo, estoy en el lado queer de la costura, mi herramienta de autoconstrucción favorita. ¡Hasta pronto!







lunes, 23 de marzo de 2015

Leed, leed malditos

En mi casa somos lectores empedernidos. Los que sabemos leer, claro, aunque mi hija pequeña, que es la que faltaba, está aprendiendo. A todos nos gusta sumergirnos de lleno en una buena historia y  cuando se lee mucho tener aparatitos lectores de libros electrónicos es lo lógico. La batería dura una eternidad incluso en uso intensivo, caben muchísimos libros y cuando a uno le gusta leer libros gordotes es un invento, porque los brazos no se cansan si uno lee en posición horizontal. Y la pantalla de tinta electrónica no se come la vista como la de una tableta, cosa que mis defectos visuales agradecen mucho.

Señoras y señores, mi entrada de hoy va de fundas. Personalizadas, molonas y totalmente al gusto del cliente lector. Y hay nada menos que tres: adivinen cuál es la del caballero, cuál la de la señora y cuál la de la niña de 9 años.






Bueno, tampoco es tan difícil, ¿verdad?. Y lo han adivinado, nuestros readers son trillizos, el mismo modelo del mismo cacharrito, un Kindle Paperwhite. Para los adultos ya es nuestro segundo aparatejo, y aunque yo podía aprovechar la funda de mi anterior reader que era prácticamente del mismo tamaño, me apetecía hacer una de otro formato más práctico.




Descubrí en Whipstitch un fantástico tutorial que adopté con unas cuantas modificaciones: añadí medio centímetro a todo el contorno porque el bolsillo quedaba un pelín justo, y en los dos últimos redondeé las esquinas porque me parecía más estético. En el tutorial no lo sugiere, ya que sólo usa guata de acolchar, pero yo incorporé dos pequeñas láminas de plástico duro (como el que se usa en las encuadernaciones de oficina) para añadir un poco de protección extra, además de la guata y la entretela. También le hice una costura central a modo de libro para que las piezas de plástico no se solaparan. El resultado global es ligero, pero eficaz. Y por último, en lugar de los triángulos de tela que Deborah usa, usé trocitos de elástico de 8cm cada uno; creo que así es más fácil poner y quitar el aparatito, y si es de color negro casi ni se ven.

Para la versión 1, elegí un trocito de vaquero no demasiado grueso y un retal de elástico negro y decidí embellecerlo con un pequeño bordado en la portada. Busqué una tipografía de máquina de escribir y escribí "Lee" (en imperativo, como tiene que ser) en la esquina inferior derecha. Luego lo rellené con perlé marrón liso. Y ese fue mi regalo del día de padre a mi señor esposo, un lector de gustos sobrios.



La versión 2 es la de mi niña grande, que eligió esta tela el verano pasado. Con ella ya le hice parte de su estuche escolar a comienzos de curso, y después de la funda aún ha sobrado otro poco. Lo que da de sí medio metro, oiga. No hay elementos decorativos añadidos por expresa voluntad de la destinataria; qué seriota es esta niña.




La tercera versión es la mía. Me chiflan los lunares y quería hacerle unos detallitos en rojo, así que bordé otro "lee" imperativo, pero esta vez con mi letra. En la parte superior cubrí algunos lunares al azar con lo poco que me sobró del perlé rojo, como si fuera una constelación fantástica. El elástico exterior es rojo, pero los interiores son negros para que queden disimulados con el color del cacharrito.






Y aquí los tres, en amor y compañía. Los protectores de los aparatejos electrónicos más queridos de esta casa, los únicos que entran en los dormitorios. Por cierto, he aprovechado que tengo reader nuevo para tirarme en plancha sobre la última de Pérez-Reverte, Hombres buenos. Y vosotras, ¿qué estáis leyendo?




Por cierto, como algunos ya habrán supuesto, mi título remite a una película: Danzad, danzad, malditos (They shoot horses, don't they?, 1969) de Sydney Pollack. Ambientada en la América de la Gran Depresión, la acción transcurre en un concurso de baile de los de la época, en los que varias parejas bailan durante días para obtener un premio en metálico y poder comer mientras bailan. Como es de suponer, el maratón danzante termina de forma dramática:




Por suerte, la lectura es una actividad bastante menos arriesgada y hay menos probabilidades de sufrir un infarto en su ejercicio, aunque la narración esté de lo más emocionante.


miércoles, 18 de febrero de 2015

Rebeca

Una de las cosas que he descubierto sobre mis gustos indumentarios a lo largo de los años es que me encantan las rebecas. Abrigan sin agobiar, pueden llevarse abiertas o cerradas, superponerse a jerseys finos o camisetas de cuello vuelto y son perfectas para combinar con cualquier clase de prenda, vestido o pantalones. Me gusta especialmente el hecho de que es una prenda poco estructurada, que tanto puede llevarse ajustada como holgada y aún así acompañar el movimiento del cuerpo sin estorbar ni pegarse demasiado a la piel. Me gustan casi tanto como el cine de Hitchcock. Por cierto, ¿saben que el término hispánico "rebeca" proviene de la película homónima del señor Hitchcock? Dicha película (Rebecca, 1940), basada en una novela de Daphne Du Maurier, giraba en torno a la opresiva memoria de la primera esposa -fallecida misteriosamente- de un hombre con el que se casaba la protagonista de la película, a la que por cierto nunca se nombra. Rebeca, fantasma de la antecesora que obsesiona a la anónima segunda esposa del señor De Winter, dio curiosamente su nombre para nuestra cultura popular, a una prenda que su sustituta en el cargo portaba habitualmente en la película. Las aficionadas a la moda de los años 40 reconocerán el modo inglés de llevar esta prenda, en lo que se conoce como "twin set", que consta de una camiseta de punto de manga corta o por el codo, de idéntico material y color al de la prenda exterior, con la que se lleva haciendo conjunto. Desde el minuto 4 de la película, momento en el que se conoce la pareja protagonista, Joan Fontaine luce esta prenda que refuerza el carácter inseguro y tímido de su personaje, ninguneado por todos los que la rodean. La señora Lacy, su reciente cuñada, le dice en el minuto 43: "veo por la manera en que vistes que no te importa tu aspecto, pero me extraña que él no lo haya notado, es tan especial con esas cosas", a lo que ella responde: "no creo que nunca se dé cuenta de lo que llevo". De este modo, Hitchcock refuerza la debilidad e infantilización del personaje con el uso de una prenda de vestir considerada como demasiado "casual" e invisibilizante (por lo corriente) en el entorno aristocrático típicamente inglés del marido de la protagonista. Esa es la cinematográfica y curiosa razón por la que en español, el nombre de esta prenda que la Real Academia define como "chaqueta femenina de punto, sin cuello, abrochada por delante" no tiene etimológicamente nada que ver con el anglosajón cardigan ni con el francés gilet


A partir del minuto 34, Joan Fontaine luce el perfecto twin set

Este invierno he estado recuperando el tiempo costuril que tuve que perder el año pasado por causas de fuerza mayor. En el plan de costura otoño-invierno había varias rebecas porque las que sufrieron uso intensivo el año pasado estaban al borde de la extremaunción y había que reponer. Por eso voy a aprovechar para hacer una pequeña comparativa de tres modelos que tengo ahora en plena rotación de temporada.


Oslo

Patrón que venía con el primer número de la revista Seamwork, del equipo de Colette Patterns. La primera versión que hice fue un fiasco porque elegí mal la tela (una especie de polar demasiado grueso que no tenía apenas elasticidad), así que para la segunda versión tuve buen cuidado de no pifiarla tontamente. Destiné un precioso interlock de merino que compré en 2.013 a tal fin y el resultado ha sido perfecto. Me encanta su aspecto holgado y lo larga que es; hice la mía sin botones porque no quería una prenda excesivamente formal. Con todo lo cual estoy muy contenta porque cuadra perfectamente con lo que buscaba: una prenda que cubra más abajo de la cadera, de un color de mi paleta personal, que resulta comodísima en el uso diario y que tiene el aspecto y la prestancia de una prenda de alta gama con ese cuello de inspiración esmoquin.

Modelo: Oslo (Seamwork nº1, la revista mensual cuesta 6€, pero el patrón puede adquirirse suelto por el mismo precio)
Talla: XS, aunque el tallaje es grande y es la que más holgada me queda
Modificaciones: ninguna
Tiempo de realización: dos horas
Dificultades: ninguna, las instrucciones son claras y fáciles de entender. Quien haya cosido una camiseta puede atreverse tranquilamente con esta rebeca.
Coste total: 38€ (interlock de merino), 2€ (hilo, papel, otros gastos)= 40€



Vista frontal


Detalle del puño vuelto



Julie & Julia

Este patrón es de Mouse House Creations, que tiene diseños para mujer y para niños. Me gustó desde que lo vi por la forma y por las opciones para hacer una prenda de manga corta y tres cuatros también, aunque yo hice la versión de manga larga, las dos veces, porque es lo que necesitaba. En las fotos se aprecia lo que cambia el aspecto de la prenda al cambiar el tejido: el azul marino es felpa no perchada ("sudadera de verano"), con grosor medio y mucho cuerpo y el verde es canalé de merino, más elástico, fino y con mucha caída. Con las dos tuve percances que al final se saldaron bien, lo que yo llamo "felices accidentes", pero la realización fue un pelín sobresaltada.

Modelo: Julia Cardigan (Mouse House Creations), 7€
Talla: XS
Modificaciones: ninguna
Desastres: muchos, dos de ellos culpa mía. Con la azul, no presté la suficiente atención al cortar la pieza del bajo trasero y me encontré con que en el borde superior faltaba un pedazo no muy grande en forma de triángulo. Para no tener que descartar la tela y porque no tenía más (era el trozo final de sudadera azul con la que había hecho tres pantalones para mi chica grande), tuve que hacer un remiendo creativo con un retalito. Como está a la altura de la cadera y cerca de donde cae la manga no se ve, pero ha quedado bien y al final me gusta que esté ahí, es un detalle muy personal. Rematé la solapa con un vuelto simple y una puntada elástica de mi Singer que me encanta, en forma de espiga. Con la verde tuve problemas peores. Cuando compré la tela (en una precompra colectiva al distribuidor europeo), venían los metros justos y la vendedora me avisó de que justamente mi trozo venía con un agujero-carrera y no podía ponerme más tejido para compensarme. Así que el ejercicio de encajar los trozos del patrón para que estuvieran al hilo y no descuajeringar el resultado fue interesante. Aún así, tuve que cortar uno de los puños a contrahílo y el otro quedó con el famoso agujero-carrera. Lo remendé con la idea de que el remiendo cayera en el interior y no se viera desde fuera, pero monté mal el puño y me encontré con que quedó en el exterior, junto con otro agujero que salió por generación espontánea (o no tan espontánea, imagino, ehem) durante la confección. Cosa que solucioné con un bonito botón del mismo color de la tela. Al final el puño me quedó tan mono como esas rebecas tan chulas de la marca que no es igual. Pero como una servidora estaba sembrada y florecida, los desastres no terminaron ahí: monté la solapa exterior del revés, cosa de la que sólo me di cuenta al probármela (quedaba arrugada, estrujada, raruna). ¿Solución al aparente e irreversible desastre? coger mis mejores tijeras, cortar justo por el borde para no quitar demasiado tejido a la solapa y volver a coser la pieza, esta vez bien. ¿Resultado? chulo a morir. Me encanta que el borde remallado en beige grisáceo, que va de miedo con el verde lima del canalé, quedara justo en el exterior, así que ni tuve que rematar la solapa como con el modelo azul (mi propia torpeza ya se encargó de rematarla por mí, vaya).
Tiempo de realización: incluyendo remiendos y maniobras de recuperación, dos horas y media cada una.
Coste total: 33€ (canalé de merino), 2€ (hilo, botón, papel, otros gastos) = 35€ el modelo verde
                   16€ (felpa no perchada), 2€ (hilo, papel, otros gastos) =  18€ el modelo azul



Vista frontal


Vista trasera



El detalle del remiendo (perdón por el color)





La solapa remallada



Vista trasera (en ésta se aprecia el color real)


El puño reparado


El borde remallado, se aprecia muy ligeramente el borde cortado al ras de la costura




Aquí se ve el puño a contrahilo (el del fondo)


L'incontournable

Este patroncito lo descubrí por casualidad en la web de su diseñadora; acababa de sacarlo a comienzos de año y me gustó el aspecto semiformal de la prenda, a medias entre chaqueta y rebeca. Junté un retalín de felpa perchada gris marengo que me sobró de un pantalón de mi marido con sudadera perchada gris claro de mi tienda local de tejidos (El Kilo del Valle San Lorenzo, para la chicharreras). Para las que tengan necesidad de botones, el patrón es fácilmente modificable para ponerle una hilada entera, lo mismo que se puede poner un botón grande o un corchete en la parte alta del delantero, pero no me apetecía, así que lo dejé tal cual. Una de las cosas que más me gustó fue la manga, ligeramente caída hacia el exterior, de modo que no deja al descubierto la muñeca al doblar el brazo, cosa que agradezco infinito porque tengo los brazos largos y muchas veces tengo que alargar las mangas de los patrones. Estos patrones se montan sin recortar la página, así que cuidadín con las impresiones torcidas ya que no hay nada que recortar. Hay que unir las páginas, pegarlas y luego completar con un lápiz el trazo de página a página. Además, no incluye márgenes de costura (yo le puse medio centímetro para montarla con remalladora y tres en el bajo de la manga y el vuelto). Se remata con una vista continua (la hice marengo, como la pieza a contraste del delantero) y decidí ponerle un pespunte decorativo en gris oscuro con la puntada de espiga que tanto me gusta. El resultado: una rebeca ligera, pero de poder calorífico nada desdeñable a pesar del corte más despegado del cuerpo.

Modelo: l'incontournable (MLM patrons), 5€
Talla: S. No hice la talla más pequeña, como suele ser mi costumbre, porque quería tener margen de maniobra para llevarla con algo más grueso que una camiseta por debajo.
Modificaciones: en teoría las mangas se rematan con un vuelto, pero al ver que me quedaban perfectas tal cual decidí hacerles una vista copiando la parte inferior del patrón de la manga para no restarle largo ni perder la bonita forma caída que tanto me gustó. Durante el proceso de construcción no seguí las instrucciones para el montaje de la manga, con la manga ya cerrada; la monté en plano porque me gusta más hacerlo así, creo que cuesta menos casar la costura de la sisa de este modo. Aunque tratándose de un género con cierta elasticidad no tendría porqué haber problemas de ninguna clase y lo mío es más preferencia personal que otra cosa.
Tiempo de realización: dos horas.
Coste total: 16€ (felpa perchada), 3€ (hilo, papel, otros gastos) = 19€


Aaahhh, esas mangas largas, al fin...



Vista frontal


La forma de la manga


La vista


El balance final es que he repuesto cuatro rebecas que están teniendo mucho uso, en tejidos tanto de invierno como más de entretiempo. Soy una amante de los colores lisos para este tipo de prendas porque la idea es que combinen con el mayor número de atuendos posible, así que el marrón, el marino, el verde lima y el gris son bazas seguras. Para el verano habrá alguna más, en tejidos más ligeros y colores más alegres, y posiblemente para el próximo otoño caerá alguna de aspecto más informal y retalero porque quiero aprovechar al máximo lo que ya tengo y no desperdiciar ni un pedacito de géneros que me cuesta horrores encontrar por estos pagos.

Y hoy no quiero despedirme sin recomendar la película Hitchcock de Sacha Gervasi (2.012). Se adentra en los entresijos del rodaje de Psicosis y es un auténtico placer ver a dos actores como Anthony Hopkins y Helen Mirren convertirse en el director inglés y su mujer. Eso para quien no prefiera ver Rebeca y degustar el suspense hitchcockiano en estado puro (genial trabajo de Lawrence Olivier, Joan Fontaine y Judith Anderson, por cierto). Hasta la próxima y feliz costura, de rebecas o de lo que se tercie.